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2/2/20

Encuentro con la misión y la oración en Marruecos


Midelt-Tattiouine: Presencia de Visitación
“Encuentro con los otros y con el Otro”
Del 24 de julio al 9 de agosto 2020
 Objetivo
Finalidad ofrecer una corta experiencia misionera en Tattiouine con las Franciscanas Misioneras de María y algunos días de retiro-oración y reflexión en el Monastère Notre-Dame de l’Atlas.  Se trata de un encuentro con la misión y con la oración en Marruecos, en dos poblados: Midelt y Tattiouine, se dirige a jóvenes que hayan vivido una experiencia de misión y desean profundizar en ella, descubrir el rostro de Dios que llama y se encuentra en los demás. En resumen buscar libertad interior para hacer lo que Dios quiere de nosotros.
Fechas:
Del 24 de julio al 9 de agosto 2020
Organización y logística
24 de agosto, llegada a Tánger y salida para Midelt en autobús por la tarde a las 19.45.
25 (de madrugada) llegada a Kasbah Miryem (Monastère Notre Dame de l’Atlas).
Del 26 (por la tarde) al 31 (por la tarde) Colonia de Vacaciones con los niños bereberes de Tattiouine, aldea semi-nómada del Alto Atlas Marroquí.
1 de agosto participación en la Fiesta del Cordero en Tattiouine
2-3  de agosto, días de descanso y conocimiento del Monastère Notre Dame de l’Atlas, para dar un poco de aliento antes de iniciar el retiro.
4 al 7 agosto, retiro en el Monastère Notre Dame de l’Atlas con participación a ciertos oficios (Eucaristía-laúdes-vísperas-completas).
El retiro tiene como finalidad reflexionar en la voluntad de Dios en la propia vida, la respuesta, la presencia silenciosa en medio del pueblo musulmán y la llamada que Dios nos hace. Su último objetivo es encontrar libertad interior para estar dispuesto a escuchar a Dios.
8 de agosto por la tarde salida para Tánger y coger el avión el 9 en dirección a Madrid.

Modalidades:
Seríamos 6 personas, 4 jóvenes, una religiosa franciscana misionera de María y un misionero javeriano. En el monasterio nos hospedamos en la hospedería. En Tattioiune en un “gite” y nos preparamos las cenas. Estaremos con los niños gracias a una Asociación Marroquí que se ocupa de ello y por la tarde compartiremos nuestra vida con las misioneras, su experiencias, haremos la Eucaristía y oraciones en francés, como signo de la misión y del desapego que Dios nos pide.
Cosas que llevar:
Saco de dormir y esterilla, Biblia, cuaderno y bolígrafo, Ropa de abrigo, paraguas, tus efectos personales y pasaporte vigente.
Gastos:
Los gastos que tendremos serán los de desplazamiento, comida y hospedaje. Deben oscilar 250.00 euros con desplazamientos incluidos pero sin el billete de avión y sin el seguro médico que costaría sobre los 35.00 euros.
Conviene hacer las vacunas necesarias para ir a Marruecos (Consultar centro de salud).
Contacto:
Comunidad de Carabanchel (Madrid)
Rolando Ruiz Durán sx
c/ Ntra. Sra. de la Luz, 40 bis
28025 – Madrid
Tel. 91.466.16.50 o 680703743

14/8/19

Señor, me dejo conducir por ti


El 7 de julio iba de camino al aeropuerto con mi amiga Marta, mis padres y Manoli (Franciscana misionera de María). Allí nos esperaba un grupo de jóvenes y misioneros, con los que iba a compartir esta experiencia de misión que Dios ponía en mi verano. Tenía muchas ganas de empezar, pero también miedos e inquietudes. Allí entramos en 2 realidades distintas dentro de Marruecos: en Tetuán y en Midelt.
En Tetuán, el objetivo era vivir la “Fraternidad Humana”, por medio de la realidad que viven los inmigrantes y el encuentro con los musulmanes.
La situación de los inmigrantes en España no se parece a lo que viven en Marruecos, esta es mucho más dura: pasan hambre, no tienen nada, están siendo perseguidos... Cuando lo imaginaba, entendía que era una vida difícil, pero fue el momento en el que uno de ellos me dijo: “Es mi cumpleaños y no tengo nada para comer” o “me voy contigo a España y trabajo para tu padre en lo que me pida”, cuando me hice realmente consciente de su sufrimiento y de la injusticia. Además, sentí una gran impotencia, ya que sólo podía escuchar y acompañar, pero no cambiar la situación.
Durante aquellos días, yo me preguntaba dónde estaba Dios y por qué yo era tan afortunado. En cierto momento no le encontraba. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que Él sí estaba, tanto en la esperanza y fe de los inmigrantes, como en todos los religiosos y misioneros que les cuidaban. Incluso en otras realidades: no se me olvidarán los días que visitamos en Tánger la casa de las Misioneras de la Caridad, que acogen a madres sin marido y a niños abandonados. Ahí está Dios, su rostro sufriente en todos ellos, y ahí está su Iglesia, entregándose y cuidando a los más pequeños, sus preferidos.
15 días más tarde, bajamos a Midelt, una ciudad al pie de la cordillera del Atlas. Allí hemos compartido muchos momentos con familias marroquíes. Durante todo el mes, nos han acogido y tratado como miembros de sus familias. Que personas que no nos conocían, siendo nosotros extranjeros, nos invitaran a té en sus salones, junto a toda la familia, era algo muy bonito y rompió nuestros esquemas.
3 días más tarde, subimos a Tatiouine, un pueblo bereber en la montaña. Esa misma noche, nos invitaron a cenar “tayín” de pollo. Fue un detalle precioso, porque no les sobra el dinero y en cambio, nos ofrecieron una comida exquisita. Doy gracias a Dios por su humanidad y su acogida, que muchas veces tanto nos falta.
En Tatiouine hemos vivido realmente la misión junto con las Franciscanas Misioneras de María,  compartiendo también sus momentos de oración en su humilde capilla. Jesús estaba en el centro: Él era la fuente de donde sacábamos las fuerzas. Durante el día, éramos los animadores del campamento junto con otros marroquíes, pero nuestro papel no era más que ser presencia y estar a disposición de los demás monitores. Esto ha sido difícil para mí en los primeros momentos, pero me ha ayudado a descubrir que muchas veces los misioneros son la presencia de Dios en los lugares donde parece que no está.
Durante todo el mes, he podido ver a Dios de manera muy fuerte en las personas del grupo, en los momentos de compartir, en los misioneros y su entrega… Por ejemplo, en misioneras como Marie se puede ver claramente el paso de Dios: ella se ha fiado de Dios y vive con plenitud, entregándole todo lo que tiene (con 91 años y el brazo escayolado), subiendo la montaña, siempre con una sonrisa y dando gracias a Dios.
Finalmente, hemos tenido la suerte de terminar con 4 días de ejercicios espirituales ignacianos. 
Me han ayudado a conocerme más y conocer más a Dios, ver su paso en toda mi vida y confirmarme en mi camino misionero. No todos los momentos han sido fáciles, pero Dios ha estado presente este mes y le doy gracias por seguir acompañándome incluso cuando no le siento. Le doy gracias también por todas las personas que ha puesto en mi camino durante toda la experiencia, que me han llevado a Él. Sin duda, merece la pena fiarse de Dios y dejarse conducir por Él.

Javier Contreras Mora -Madrid














10/8/19

Abrir el corazón desde lo pequeño y la sencillez


Marruecos ha sido un lugar para comprender lo que significa tiempo. Y es curioso cómo la palabra se ha abierto camino en dos experiencias que, aparentemente, no tienen por qué tener mucha conexión. Pero, aunque ya haya revelado lo que me llevo de todo esto, empecemos por el principio…

Todos hemos oído mil veces que de la misión uno vuelve habiendo recibido mucho más de lo que ha dado. Yo era uno de ellos. Y cuando esta frase te la sabes de memoria, empieza a diluirse en tu cabeza. Pierde sentido y se vuelve indiferente. Es normal. Cada día escuchamos muchas historias; tristes, conmovedoras, transformadoras, dramáticas… Y aunque seamos capaces de ser sensibles a ellas, no las hemos vivido en nuestras propias carnes. Y eso marca la diferencia.

La semana de misión en Tatiouine busca el encuentro con la realidad misionera en la realidad de un pueblo bereber. Una realidad en la que descubrí la lengua de Dios, y en la que vi más presente que nunca el significado de la comunión. Te encuentras en medio del monte sin hablar francés, árabe y, mucho menos, bereber. El primer día te preguntas cómo demonios vas a conseguir llevar a un grupo de niños durante toda una semana. El segundo día ya te ves haciendo maniobras corporales y aprendiendo el par de palabras básicas para hacerte entender. Un lenguaje de gestos y miradas. Un silencio terrenal que te acerca al lenguaje de Dios. Porque sí, Dios habla a través de gestos, a través de miradas (a no ser que tengas la suerte de escuchar una voz que desciende de lo alto, en cuyo caso, tu deber como cristiano será compartir tu secreto con nosotros).
Y después de que Dios haya hablado, la comunión. La común unión entre personas de culturas tan diferentes, entre personas de religiones tan diferentes. “El que menos tiene es el que más da”, otra de las frases que hemos escuchado en innumerables ocasiones. No voy a ser yo el que diga si es verdad o no. Pero lo cierto es que me he encontrado con personas que no tienen nada, y que aun así te dan su mejor té y sus mejores dulces. El amor hacia los demás es tan profundo que el desprendimiento es total. Pobreza terrenal pero riqueza en bondad, en amor. Pero la comunión también espiritual. Sentirte como en casa con gente con la que apenas cruzas un Hola, ¿qué tal? Seguido de su nombre y un apretón de manos con dos besos (¡como mínimo!). Yo creo que sigo sin saber de verdad lo que es la misión, pero también creo que me he acercado a ella y he podido comprender mucho mejor lo que significa: hacer presente a Jesús a través de tu vida, metiéndote de lleno en la cultura, amándola y respetándola. No es más ni menos que estar, dar tu vida (pero de la forma más humana y terrenal, no pensando en cosas imposibles. Dar tu vida, darte a ti mismo, como eres, en el día a día). La misión es, de alguna manera, dejar entrar en tu corazón el lugar al que vas. Porque solo así, y de manera desinteresada y totalmente involuntaria, puedes dejar a Jesús allí.

Y después del esfuerzo de la primera semana, el esfuerzo de la segunda: los ejercicios espirituales. Una semana de oración intensa en un lugar, podríamos decir, dedicado a la oración intensa: el Monasterio de Notre Dame del Atlas. Un lugar donde, además, se produce una comunión de religiones y donde se respira un claro aroma de santidad. El lugar propicio para la búsqueda de Dios.

“El tiempo es oro” o, como me gusta decir a mí: El tiempo lo es todo. El tiempo, tu tiempo, que usas para darte a los demás de una manera desinteresada, por amor. Todo el tiempo que te regalan sin conocerles. El tiempo que le dedicas a Dios. No hay nada más que tiempo en esta vida que se nos ha regalado. Tiempo que no nos pertenece pero que usamos y que aprendemos a usar. Descubrimos que es lo único necesario para crecer en las relaciones.

Esto es lo que me llevo, ni más ni menos que la vocación del AMOR, en mayúsculas, que se da sentido con tiempo y humildad, conmigo, con los demás y con Dios.

Bajo la inmensidad del cielo me pregunto
si mi gesto cambiará el pulso de la historia.
Entonces cae una hoja marchita por el tiempo
y me susurra que los incontables son los que necesitan mi voz,
los innombrables que cuente con ellos,
y que no hay mayor cambio de compás
que olvidarse de todo aquello que me ciega
y empezar a dar oxígeno y respirar de los que de verdad cuentan.
Porque un día mi color se apagará y seré feliz al caer,
por haber dejado que mi gesto sea abrir el corazón y entender
que si lo que hay detrás es verdadero amor,
se hará desde lo pequeño y la sencillez.

Pablo de Diego Becerra - Madrid












7/8/19

Un deseo del corazón


¿A Marruecos? Y un silencio serio... esa era la reacción que algunas personas tenían cuando me preguntaban dónde iba a ir este verano... Y sin querer mucho, eso me ponía un poco... nerviosa... los billetes estaban comprados asique no había mucho más que pensar, con lo que decidí confiar plenamente en lo que me había nacido del corazón la primera vez que oí hablar de esta experiencia: deseo de vivirlo. Ahora se al 100 % que fue Dios quien puso ese deseo en el corazón.
Aun así, esperas encontrarle en lo sencillo... quizá en cada niño con los que estemos en Tattiouine, seguro que en cada una de las Franciscanas Misioneras de María o de los Monjes del Monasterio de Midelt con los que compartiremos oración... pero Dios estaba ahí en cada persona que nos cruzamos desde el momento en que pisamos tierra marroquí... y le pude "tocar" cuando nos dirigíamos esa noche a Midelt en autobús y la señora del asiento próximo me ofreció cacahuetes, que obviamente no acepté por esas inseguridades y desconfianzas que nuestro mundo nos hace tener con el diferente, y aun así ella me regaló un frasquito de perfume... entendiendo que los cacahuetes no me apetecían... mi cara de asombro y lo que sentí... ¡¡ya no había que esperar encontrarle, Dios iba conmigo en cada uno de ellos!! Entendí entonces qué diferentes somos aquí... tenemos mucho que aprender de cómo tratar al otro, al que viene de fuera...
Los días en Tattiouine en la Colonia de vacaciones con los niños han sido un aprendizaje continuo y una lucha hacia miedos conocidos y desconocidos, pero he sido FELIZ. Feliz de poder compartir momentos con personas con las que verbalmente no me podía comunicar mucho, pero el deseo de realizar cosas juntos podía más; feliz porque a pesar de las diferencias entre culturas y creencias religiosas, la acogida y el recibir eran más fuertes.
Después, el tiempo en el Monasterio para reposar lo vivido en clave de oración, ha ayudado a afianzar el sentimiento de confianza y esperanza, igual que hizo la Virgen María a lo largo de su vida.
Elena Pérez Pastor - Guadalajara






4/9/17

Llenos de Cristo... Midelt-Tattiouine

Todos los veranos “salen de su tierra” muchos jóvenes y adultos, con ganas de conocer y acompañar a otros hermanos culturalmente distintos y que a menudo viven en circunstancias que les hacen vulnerables en aspectos como la seguridad, la supervivencia, la educación o la sanidad. Yo misma pertenezco a este grupo, como también los compañeros Antonio, Alba, María, Raúl y Francesca (FMM), quienes desde el 13 de agosto y hasta el día 28 del mismo mes nos aventurábamos en una nueva experiencia en Marruecos conducidos por el misionero javeriano Rolando Ruiz. Pero la experiencia de este verano iba a presentar dificultades añadidas. Por ejemplo, en mi caso, profesional de la comunicación, me inquietaba un poco eso de no conocer ni el francés ni el árabe, y tener que ingeniármelas para “hablar” y “expresar” sin ayuda de la palabra.
A los pocos días de llegar a Marruecos, la expedición se trasladó a Tattiouine, un pequeño poblado en las montañas del Alto Atlas, habitado por familias bereberes semi-nómadas. Allí conocimos a la comunidad de Franciscanas Misioneras de María formada por Sor Bárbara y Sor Marie, dos mujeres valientes y humildes que asisten a sus vecinos con un dispensario médico y que preparan cada verano un campamento para niños y niñas. Nosotros apoyamos y colaboramos en todo lo que las hermanas, junto a tres monitoras oriundas Khadija, Fatima Zhara y Aziza, habían preparado. Bien, y ahí llegó ciertamente el momento más temido para mí: atender a aquellos niños y jóvenes sin entenderles. Recuerdo que en la primera reunión de equipo me puse muy nerviosa, había que traducir todo lo que íbamos expresando al francés, al español o a ambos, y eso me exasperaba, y me daba sueño. Además muchas moscas revoleteaban a mí alrededor, se posaban en mis brazos, en mis piernas, ahora en una oreja, ahora en la otra… y yo me la pasaba esquivándolas o espantándolas, me distraían. Hasta que llegó una un poco más grande, y decidí fijarme en lo que hacía. La verdad es que se paseó un ratito sobre mi piel, yo apenas la percibía, era como si caminara de puntitas para no molestar, no era tan feo tenerla ahí, pensé. Así que volví a la conversación principal de aquella reunión, pensando que más valía dejarme llevar y empezar a sentir con el corazón y con la piel. Opté por fijarme en aquellos rostros, y en lo que decían aquellas miradas. Fue ahí donde leí acerca de la ilusión, la energía y las ganas de trabajar en equipo. 
Luego llegó el contacto directo con los muchachos, y aquello ya fue un verdadero manantial de comunicación y expresión, sin mediar palabra… o al menos palabra comprensible para ambos. Sin duda, aprendí algo de árabe (dariya), de bereber y de francés, pero aprendí también que los besos curan las dificultades, que los abrazos rompen muros,  que las sonrisas son un auténtico diccionario y que cogerse de la mano es la conversación más bonita y sincera del mundo. Vienen a mi cabeza tantos nombres… Mohammed, Hassan, Oumar, Myriem, Bushra, Farah, Hana. Y todos ellos me hablan de comunión, de una comunión que es capaz de pasar por encima de nuestras creencias, de nuestros miedos, de nuestros prejuicios.
Nos descalzábamos cuando la familia de Sharif nos acogía en su casa para compartir una cena. No bendecíamos la mesa antes de comer, pero comíamos en el nombre de Dios (Bismillah). No rezábamos juntos, pero comíamos de un mismo plato dispuesto para hacerlo todos a la vez. No habían vasos suficientes para todos, pero nos preocupábamos por que tuviéramos cada uno agua para beber. O té, un té hirviendo que regula la temperatura del cuerpo, pero que, además, te hacía sentir integrado y en completa sintonía con un pueblo que presuponíamos tan diferente al nuestro. A través de Sharif, Hazna, Khadija o Fatima Zhara vivimos un encuentro muy especial, un encuentro que nos acercaba a Dios, y que producía en cada uno de nosotros un delicioso asombro: el asombro de sentirse amados por un mismo Padre. No puedo obviar, que fue en el transcurso de estos días que conocimos la noticia del atentado terrorista en Barcelona y Cambrils, ciudades tan cercanas a mi hogar habitual… Y este acto lleno de terror y odio, no pasó por alto en nosotros. “Los responsables eran todos marroquís” indicaban algunos titulares. ¡Qué tristeza! ¡Qué impotencia! Y qué casualidad estar justo allí en ese momento. ¿Qué lectura debíamos hacer de tal situación? No faltaron algunas muestras de solidaridad por parte de nuestros eventuales vecinos. Marruecos no me habló de terror, hice amigos musulmanes, y sus gestos fueron siempre de acogida y de respeto. Cuando pones nombres a las personas (y no etiquetas) comprendes que el bien y el mal no tienen raza, ni religión, ni nacionalidad, ni idioma.
Por suerte, el amor es el idioma universal. Un idioma que aprendí a manejar mejor gracias a los ejercicios espirituales que realizamos en el Monasterio de Notre Dame de l’Atlas (Midelt). Un idioma que, paradójicamente, aprendí en casi-completo silencio, pues mis compañeros y yo vivimos unos días maravillosos en diálogo íntimo con Dios. Sé que cada uno de ellos trajo a Marruecos ciertas heridas en el corazón, yo misma arrastraba algunas. Varias de estas heridas, empezaron a cicatrizar con el tierno baño de comunión en Tattiouine. Luego, una vez llegados a Midelt, los ejercicios fueron como pasar por la enfermería. Y es que ninguno de nosotros, tampoco tú que me lees, vivimos en una felicidad perpetua. Todos hemos sufrido, todos hemos pasado el trago amargo del dolor, de la decepción, de la tristeza absoluta. Dialogar con Dios, y fijarme en su humanidad (“Sintió pavor y angustia” Mc. 14, 32-36) me ayudaron a darme cuenta de que, pese a todo, Él me ama, me consuela, cuenta conmigo y me necesita en el frente de la batalla. Recrearnos en el dolor, nos retiene y paraliza en perpetua enfermería.
Este diálogo, me hacía comprender más y mejor el espíritu con que los monjes cistercienses oraban y trabajaban por un ambiente de profunda comprensión, solidaridad y afecto con sus vecinos musulmanes. Sin duda el Espíritu de Tibhirine. ¿Os suena? En marzo de 1996 el GIA (Grupo Islámico Armado) secuestró en Tibhirine, Argelia, a siete monjes cistercienses, cuyas cabezas aparecieron en una cuneta. De aquella pequeña comunidad solo sobrevivieron dos monjes, uno de ellos, Jean-Pierre Schumacher, reside hoy en el Monasterio de Notre Dame de l’Atlas de Midelt. Conversamos con él, y apreciamos su testimonio. Sabían del peligro que entrañaba su permanencia en Argelia, y aun así decidieron quedarse. Al frente de la batalla. Una batalla que habían lidiado teniendo como referencia a la Virgen María, y fijándose especialmente en el momento en que ésta visitó a su prima Isabel. Según el texto evangélico (Lc. 1, 39-56), la presencia de Jesús es sentida sin verle directamente. Y así es como los cristianos evangelizan entre musulmanes: sin presentarlo abiertamente, sin hablar de Él directamente. Las hermanas Marie y Bárbara, y los monjes del monasterio, como tantos misioneros que han hecho de Marruecos su hogar, viven su fe llenos de Cristo. Como María, amando y sirviendo pese a todo aquello que no comprenden. Su Gracia, les basta. Ha sido un auténtico honor convivir con todos ellos, y también con mis compañeros de misión, a quienes agradezco el apoyo y el cariño incondicional en unos días intensos para llenarse de Cristo.

Blanca Serres Marco – Tarragona



20/4/16

Experiencia de Misión y Oración en Marruecos Misioneros Javerianos

Presencia de Visitación- Midelt-Tattiouine, Marruecos
#veranomisionjaverianos
Actividades del verano 2016 con los Misioneros Javerianos
Encuentro con la Misión Midelt-Tattiouine: Presencia de Visitación
 Objetivo
Finalidad ofrecer una corta experiencia misionera en Tattiouine (en la comunidad de las Franciscanas Misioneras de María) y algunos días de retiro-oración y reflexión (en el Monastère Notre Dame de l’Atlas). Este es ofrecido a chicos y chicas que son acompañados y seguidos por nosotros y que habrían hecho un campo de trabajo con inmigrantes en Ceuta u otro tipo de experiencia en misión en otro lugar.

Fechas:
La fecha es del 14 al 29 de agosto de 2016.

Organización y logística
14 de agosto, llegada a Tánger y salida para Midelt en autobús por la tarde a las 19.45.
15 (de madrugada) llegada a Kasbah Miryem (Monastère Notre Dame de l’Atlas) y por la tarde salida para Tattiouine.
Del 15 (por la tarde) al 21 (por la tarde) Colonia de Vacaciones con los niños bereber de Tattiouine (Comunidad de Hermanas Franciscanas Misioneras de María).
22-23 agosto días de descanso y conocimiento del Monastère Notre Dame de l’Atlas, para dar un poco de aliento antes de iniciar el retiro.
24 al 27 agosto, retiro en el Monastère Notre Dame de l’Atlas con participación a ciertos oficios (Eucaristía-laúdes-vísperas-completas).
El retiro tiene como finalidad reflexionar en la voluntad de Dios en la propia vida, la respuesta, la presencia silenciosa en medio del pueblo musulmán y la llamada que Dios nos hace. Su último objetivo es encontrar libertad interior para estar dispuesto a escuchar a Dios.
28 de agosto por la tarde salida para Tánger y coger el avión en dirección para Madrid.

Modalidades:
Seríamos 6 personas, 4 jóvenes, una religiosa franciscana misionera de María y un misionero javeriano. En el monasterio nos hospedamos en la hospedería en donde comeríamos. En Tattioiune hay que vivir con saco de dormir y nos preparamos la comida. Estaremos con los niños gracias a una Asociación Marroquí que se ocupa de ello y por la tarde compartiremos nuestra vida con las misioneras, su experiencias, haremos la Eucaristía y oraciones en francés, como signo de la misión y del desapego que Dios nos pide.

Cosas que llevar:
- Saco de dormir y esterilla.
- Biblia, cuaderno y bolígrafo.
- Ropa de abrigo, paraguas y tus efectos personales.
- Y si tienes algún instrumento musical.
- Llevar pasaporte vigente.

Gastos:
Los gastos que tendremos serán los de desplazamiento, comida y hospedaje. Con las Franciscanas Misioneras de María hay que comprar lo necesario para comer y cocinarlo. Uno puede llevar algo desde España para compartir con ellas. Ellas no piden nada más. En el Monasterio hay que pagar pensión completa pero que no es muy cara en comparación a los precios de España. Ya detallaremos los gastos. Deben oscilar 230.00 euros con desplazamientos incluidos pero sin el billete de avión y sin el seguro médico que costaría sobre los 30.00 euros.
Conviene hacer las vacunas necesarias para ir a Marruecos (Consultar centro de salud).

Contacto:
Comunidad de Carabanchel (Madrid)
Rolando:
c/ Ntra. Sra. de la Luz, 40 bis
28025 – Madrid
Tel. 91.466.16.50

madridcarab@javerianos.org

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