Jóvenes y Misión

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22/9/17

Vigilia de oración misiones Vicaría VI 2017

Como todos los años, el equipo de misiones de la Vicaría VIª se une a las Clarisas Franciscanas del Convento de la Anunciación de General Ricardos para orar por las misiones.  
Os invitamos para que os unáis a todos los misioneros y misioneras que han dejado sus países para anunciar la alegría del Encuentro con Jesús. Para orar por la Iglesia toda que nunca olvide el mandato misionero de “Id por todo el mundo y  proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16,15).
Los misioneros y misioneras han acogido con valentía la misión que los espera para ser bálsamo de las heridas que la humanidad porta en su ser. Encuentran pleno sentido las palabras que el Papa Francisco nos dirige en el mensaje del Domund de este año (2017) “El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio”.

 Fecha:
1 de octubre 2017 a las 19:30
Lugar:
Clarisas Franciscanas
c/ Clarisas 2, 28019, entrada por General Ricardos, Madrid.
Programa:
-          19:30-19:50 Vísperas animadas por la comunidad de las Clarisas Franciscanas.
-          19:50-20:05 Vídeo.
-          20:05-21:05 Adoración animada por jóvenes de la Parroquia Santo Niño del Cebú
Invitan:

Clarisas Franciscanas de General Ricardos y Equipo de misiones de la Vicaría VI Madrid suroeste.

14/9/17

Todo es gracias a ellos... Ceuta

En un principio pensaba que iba a este campo de trabajo para conocer una nueva realidad. Para descubrir cómo viven los inmigrantes, cuál es la realidad que se vive en Ceuta entre tanta mezcla de culturas. Para ayudar en todo lo que pudiese y ver como Dios estaba también presente entre personas de religiones tan diferentes.
Pero lo que he descubierto me ha roto los esquemas. Me ha hecho olvidar todo lo que imaginaba que encontraría y haría. Me ha hecho descubrir la verdadera situación de los inmigrantes en el mundo en el que vivimos.
La realidad es que ellos, los inmigrantes, no siempre pueden conseguir un visado. Y sin él, no pueden coger un avión. No pueden estudiar ni trabajar en otro país, ni siquiera pueden viajar por placer.
Lo más triste es cuando descubres que la motivación para venir a Europa es tan simple como buscar una vida mejor y que no tienen las facilidades que tenemos nosotros cuando emigramos a otros países por las mismas razones.
Para venir hasta aquí deben cruzar una valla, de 6 metros de altura y con cuchillas afiladas. Y antes de llegar a la valla deben cruzar el desierto, mientras las mafias los estafan y se aprovechan de ellos. Les tratamos como delincuentes cuando no han hecho nada.
¿Y ellos se rinden? ¿Se vuelven personas solitarias, tristes? No. Ellos te acogen, te enseñan valores preciosos, su cultura, su música, comparten contigo sus zapatos y sus bailes. Y todo esto te lo dan a ti, que vives en el país que ha puesto la valla que han tenido que cruzar. Que vives en una sociedad donde mucha gente les rechaza. Pero a ellos les da igual, no te odian. No te van apartar, no te van a poner ninguna valla.
Y es cuando te cuestionas ¿qué haría yo en su situación? ¿Cuántas veces me he rendido frente a las dificultades que se me plantean en la vida? ¿Cuáles han sido mis “vallas”? ¿Cómo me he comportado yo con otras personas cuando me he sentido rechazada? ¿Lo he hecho como los inmigrantes, que a pesar de las dificultades que les imponemos, no nos lo tienen en cuenta? ¿O me he dejado llevar por el rencor?
También te das cuenta de que tú puedes enseñarles español, informática o manualidades. Pero lo que ellos te dan, lo que te enseñan, es mucho más valioso.
Dejas de pensar que tú vas a enseñar, a ayudar y a hacer un mundo mejor. Allí el superhéroe no eres tú. Son ellos los que te enseñan, te ayudan y hacen un mundo mejor. De una manera muy sencilla, cuando convives y conversas con ellos. Descubres como de verdad es este mundo: como gente sencilla, luchadora, sin prejuicios y sin conocerte te respeta, te quiere y se alegra de que estés allí con ellos. Dejas de sentir pena, apartas de ti las ideas que tiene la sociedad de que son gente inculta, salvaje o rara. Y descubres que ellos son mejores personas que tú. Y que somos nosotros los que tenemos que aprender de ellos.
Quiero dar las gracias a Dios por darme la oportunidad de vivir esta experiencia. A Rolando, por organizar este campo de trabajo. A Maite, directora del Centro San Antonio, y Salva, por hacernos sentir como en casa. A Helena, Raúl, Antonio, Maria José, María, Bea, María José, Gemma, Antonio, Ana, Mario, Ivanildo y Magí, con los que he compartido estas dos semanas y me han hecho reír y dejar a un lado las tristezas. Y a todos los inmigrantes, a los “morenos”, gracias por hacerme descubrir el mundo en el que vivo. Por ser un ejemplo para todos, por demostrarnos que el rechazo y el odio no conducen a ningún sitio. Gracias.

María Melero Cugat - Tarragona

11/9/17

El camino... Ceuta

¡BOZA!  ¡BOZA! Un ruido extraño nos despertó de madrugada. Imaginábamos que eran gritos de los jóvenes de la calle.
Por la mañana, nos enteramos de que el sonido dudoso que nos despertó, era  la alegría de los chicos inmigrantes que pudieron pasar la valla de Ceuta. Ya sabíamos la tragedia que sucede aquí aunque sea vagamente ¿Qué tal estarán ellos? ¿Les habrán  hecho daño? ¿Cuántos chicos habrán llegado? ¿Habría mujeres y niños en el grupo?  Luego nos enteramos del significado del grito, “BOZA BOZA”. Es la ¡¡¡ libertad!!!! Con lo cual, cuando pisan  la tierra de Ceuta, empiezan a gritar con alegría, emoción e ilusión.

Nosotras llevamos 6 años haciendo con jóvenes un Campo de trabajo en Ceuta. Lo realizamos con los misioneros javerianos. Es verdad que muchas instituciones han empezado a tener interés por los inmigrantes a medida que va aumentando el número de los que llegan.  Es una llamada para el mundo actual y para la Iglesia actual.  Nos dimos cuenta de que a través de este encuentro, entre los chicos españoles y los inmigrantes que han abandonado su país, todos podían redescubrir  mutuamente muchos valores: respeto y acogida,  justicia e igualdad.  Este encuentro  también ayuda a encontrarse profundamente consigo mismo.  Conocerse mejor y valorarse más. Nuestro mayor deseo era el que después pudieran seguir cultivando un encuentro más íntimo con Dios.
Éramos quince, trece jóvenes que venían de todas partes de España, dos javeriano y yo, Helena Oh, fmm. Entre trece jóvenes había un seminarista de Alcalá de Henares. Nos acoge el Centro de San Antonio. Pertenece a la diócesis de Ceuta y Cádiz. Cuando estábamos allí, el día 4 de agosto, celebramos el undécimo aniversario del centro.  Lo hicimos familiarmente con los chicos y transmitimos la gratitud y el ánimo a Maite responsable de mismo.
Teníamos tres actividades por la mañana: informática, clase de español y manualidades. Los chicos tenían bastante interés aunque no vienen todos los días fielmente. Al principio teníamos un plan nuestro, intentamos cumplirlo y  se lo insistimos a los chicos. Pero poco a poco nos hacía repensar ¿cuál es lo mejor para los chicos?  No fuimos a cumplir nuestro plan, sino a estar y compartir con ellos, por supuesto conocer la realidad de Ceuta de hoy en día.
Cuando los chicos llegan a Ceuta, les mandan al CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) los menores van a otro centro. Les ponen el número a cada uno y les hacen una revisión de la salud. Por orden del número, cuando tengan espacio en la península les traen. Nadie sabe cuándo pueden venir. Mientras estuvimos no salió ninguno porque hubo varios saltos a la  valla y esto tensa mucho la situación. Los chicos que no piensan más que en venir tenían que seguir esperando.
Yo Participé por primera vez en este campo de trabajo. Tenía muchas ganas pero no había llegado la oportunidad. Antes de ir preparé muchas cosas de manualidades para hacer con ellos sobre todo tenía la intención de ayudarles y enseñarles. Pero menos mal que se rompió todo mi plan con el primer encuentro con ellos. Es verdad que el objetivo no era hacer cosas, sino estar con ellos. Escucharlos y compartir naturalmente con ellos. Darnos cuenta de que nuestra conversación sincera lleva al entendimiento, comprensión y hasta la amistad. Como cada uno de nosotros tienen su historia propia, ellos también. El valor de la historia no se puede comparar. Así cada una es única y ¡tan bonita! pero tiene que pasar por diferentes puertas depende del lugar donde nacen. Ellos nacen con gran desigualdad y les imponen gran peso por nacer en África o ser de color. Creo que nosotros no  podemos llegar a comprender completamente lo que ellos sienten.  Al escucharlo directamente de su boca estaba llorando por dentro, hablando  conmigo misma para que mis lágrimas no sea solo eso, sino que sean un compromiso de mi misma.
Con dos semanas, fue suficiente para ser como de la familia, hermanos y amigos. Abrazos y besos eran nuestros saludos. Cuando nos encontramos de repente en la calle, era una gran alegría inesperada. Cuando Iba terminando este encuentro, nos venía alguna idea tonta. Queríamos parar el tiempo. Este deseo de estar más tiempo con ellos no era solo tener compasión de ellos. Nos sentíamos más alcanzados y responsables de esta situación.
Cada día teníamos  tiempo de compartir la oración en el grupo. Nos preguntábamos muchas veces por ellos y era para nosotros un desafío. Por supuesto, a través de todo esto iban entrando cada vez más en el fondo de cada uno y creciendo la amistad y la confianza entre nosotros. Cogimos tiempo para compartir cada uno algo de  su vida y su itinerario de fe, luego lo llevábamos a la misa y la oración. Esto nos hacía unirnos más.
Un día antes de terminar tuvimos una fiesta de despedida, durante la fiesta me acordé de un chico inmigrante que nos preguntó el primer día con un poco de enfado. “¿Porque venís y después de poco os marcháis? ¿Por qué nosotros tenemos que quedarnos aquí?  Creo que no fue una queja de que nos marchásemos, sino una expresión del problema de estructura injusta que existen en el mundo. Esto, nos dolió mucho. Tan joven y ya había empezado a conocer la realidad.  Nosotros podemos ir y venir fácilmente. Ellos que lo desean tanto, no  pueden.

Pero en aquel momento, estábamos juntos, jugando, bailando con la música española y cantando cantos de ellos, bailamos, soñamos  que podíamos hacer  algo, aunque sea un movimiento pequeño. Por lo menos estábamos seguros de que  podíamos acogernos y abrazarnos a pesar de que somos muy distintos.
Como había  soñado, tuve muchos encuentros en Ceuta. Sobre todo el encuentro con Dios que estaba en cada momento y en cada persona.
Otra vez, estoy en mi vida cotidiana, me vienen los rostros de los chicos y escucho  sus deseos. También como BOZA! BOZA! salen sus gritos tan ardientes e ilusionados desde mi interior y los escucho y me animan  como una llamada de Dios.  Respondo desde aquí donde estoy ahora…
Helena Oh Yun Jeong – franciscana misionera de María







5/9/17

“I thrist” "انا عطش" Teresa de Calcuta

Hoy celebramos a Santa Teresa de Calcuta con las misioneras de la Caridad fundadas por ella misma. Damos gracias a Dios por ese “I thrist” que en Tánger lo traducen "انا عطش" en la capilla en dónde cada día se encuentran con el Señor, ahí encuentran la fuerza de entregar sus vidas por los demás, al estilo de Jesús.

Pedimos a Santa Teresa de Calcuta que interceda por nosotros para que tengamos la sed de Jesús por la humanidad, y en especial por la humanidad más vulnerable. Que la caridad por los más desheredados de este mundo traduzca nuestra fe y deseo de Dios.

Por todas ellas, por todos los que se acercan a sus comunidades donde siempre mana alegría y deseo de abandono y confianza en el Señor en un amor incondicional por los más pequeños.

Ama a Dios, ama a tu prójimo
Qué hermoso es pensar que todo lo que hagamos por los demás, se lo hacemos a Él. Para facilitarnos el amor entre nosotros, para hacerlo más sencillo, Él ha dicho: “lo que hagas al más pequeño de Mis hermanos…” (Mt 25, 34-40). Incluso tu propia familia, lo que hagas por tu padre, por tu madre, por tu hermano, por tu hermana, por aquella persona que está sola – lo estás haciendo a Jesús. Y lo tienes en tus cinco dedos: “Me – lo – hiciste – a – Mí”. Tu amor a Jesús está en tus cinco dedos: “cualquier cosa que hagas, Me lo hiciste a Mí”. (Charla a los jóvenes, New Orleans, 1985). God bless you Madre Teresa
Tengo sed, I thirst, Je soif, انا عطش

Dieu au milieu de Nous (Dios entre nosotros) Tattiouine

Ce camp d'été a été l'occasion pour moi de me détacher de tout confort pendant une semaine dans le petit village escarpé de Tattiouine. J’ai pu réfléchir sur ce qui faisait l'essentiel de ma vie. Porté par les sœurs Marie, Barbara et le père Rolando, je me suis rapproché de Dieu. J’ai senti sa présence vivante au milieu de nous.
Enfin j’ai été ravi de passer du temps avec les enfants et de leur apporter de la joie et de la bonne humeur ! Je serais heureux de refaire cette expérience.       
Nicolas, 15 ans lycéen à Casablanca



Este campo ha  sido para mí la ocasión de desprenderme de la comodidad durante una semana en el pequeño pueblo de escarpado de Tattiouine. He podido reflexionar sobre que lo que es esencial en mi vida. Acompañado por las hermanas Marie, Bárbara y el padre Rolando, me he acercado a Dios. He sentido su presencia viva en medio de nosotros.
¡Finalmente me encantó pasar tiempo con los niños y traerles alegría y buen humor! Me gustaría repetir esta experiencia.

Nicolas, 15 años estudiante de Instituto de Casablanca







4/9/17

Llenos de Cristo... Midelt-Tattiouine

Todos los veranos “salen de su tierra” muchos jóvenes y adultos, con ganas de conocer y acompañar a otros hermanos culturalmente distintos y que a menudo viven en circunstancias que les hacen vulnerables en aspectos como la seguridad, la supervivencia, la educación o la sanidad. Yo misma pertenezco a este grupo, como también los compañeros Antonio, Alba, María, Raúl y Francesca (FMM), quienes desde el 13 de agosto y hasta el día 28 del mismo mes nos aventurábamos en una nueva experiencia en Marruecos conducidos por el misionero javeriano Rolando Ruiz. Pero la experiencia de este verano iba a presentar dificultades añadidas. Por ejemplo, en mi caso, profesional de la comunicación, me inquietaba un poco eso de no conocer ni el francés ni el árabe, y tener que ingeniármelas para “hablar” y “expresar” sin ayuda de la palabra.
A los pocos días de llegar a Marruecos, la expedición se trasladó a Tattiouine, un pequeño poblado en las montañas del Alto Atlas, habitado por familias bereberes semi-nómadas. Allí conocimos a la comunidad de Franciscanas Misioneras de María formada por Sor Bárbara y Sor Marie, dos mujeres valientes y humildes que asisten a sus vecinos con un dispensario médico y que preparan cada verano un campamento para niños y niñas. Nosotros apoyamos y colaboramos en todo lo que las hermanas, junto a tres monitoras oriundas Khadija, Fatima Zhara y Aziza, habían preparado. Bien, y ahí llegó ciertamente el momento más temido para mí: atender a aquellos niños y jóvenes sin entenderles. Recuerdo que en la primera reunión de equipo me puse muy nerviosa, había que traducir todo lo que íbamos expresando al francés, al español o a ambos, y eso me exasperaba, y me daba sueño. Además muchas moscas revoleteaban a mí alrededor, se posaban en mis brazos, en mis piernas, ahora en una oreja, ahora en la otra… y yo me la pasaba esquivándolas o espantándolas, me distraían. Hasta que llegó una un poco más grande, y decidí fijarme en lo que hacía. La verdad es que se paseó un ratito sobre mi piel, yo apenas la percibía, era como si caminara de puntitas para no molestar, no era tan feo tenerla ahí, pensé. Así que volví a la conversación principal de aquella reunión, pensando que más valía dejarme llevar y empezar a sentir con el corazón y con la piel. Opté por fijarme en aquellos rostros, y en lo que decían aquellas miradas. Fue ahí donde leí acerca de la ilusión, la energía y las ganas de trabajar en equipo. 
Luego llegó el contacto directo con los muchachos, y aquello ya fue un verdadero manantial de comunicación y expresión, sin mediar palabra… o al menos palabra comprensible para ambos. Sin duda, aprendí algo de árabe (dariya), de bereber y de francés, pero aprendí también que los besos curan las dificultades, que los abrazos rompen muros,  que las sonrisas son un auténtico diccionario y que cogerse de la mano es la conversación más bonita y sincera del mundo. Vienen a mi cabeza tantos nombres… Mohammed, Hassan, Oumar, Myriem, Bushra, Farah, Hana. Y todos ellos me hablan de comunión, de una comunión que es capaz de pasar por encima de nuestras creencias, de nuestros miedos, de nuestros prejuicios.
Nos descalzábamos cuando la familia de Sharif nos acogía en su casa para compartir una cena. No bendecíamos la mesa antes de comer, pero comíamos en el nombre de Dios (Bismillah). No rezábamos juntos, pero comíamos de un mismo plato dispuesto para hacerlo todos a la vez. No habían vasos suficientes para todos, pero nos preocupábamos por que tuviéramos cada uno agua para beber. O té, un té hirviendo que regula la temperatura del cuerpo, pero que, además, te hacía sentir integrado y en completa sintonía con un pueblo que presuponíamos tan diferente al nuestro. A través de Sharif, Hazna, Khadija o Fatima Zhara vivimos un encuentro muy especial, un encuentro que nos acercaba a Dios, y que producía en cada uno de nosotros un delicioso asombro: el asombro de sentirse amados por un mismo Padre. No puedo obviar, que fue en el transcurso de estos días que conocimos la noticia del atentado terrorista en Barcelona y Cambrils, ciudades tan cercanas a mi hogar habitual… Y este acto lleno de terror y odio, no pasó por alto en nosotros. “Los responsables eran todos marroquís” indicaban algunos titulares. ¡Qué tristeza! ¡Qué impotencia! Y qué casualidad estar justo allí en ese momento. ¿Qué lectura debíamos hacer de tal situación? No faltaron algunas muestras de solidaridad por parte de nuestros eventuales vecinos. Marruecos no me habló de terror, hice amigos musulmanes, y sus gestos fueron siempre de acogida y de respeto. Cuando pones nombres a las personas (y no etiquetas) comprendes que el bien y el mal no tienen raza, ni religión, ni nacionalidad, ni idioma.
Por suerte, el amor es el idioma universal. Un idioma que aprendí a manejar mejor gracias a los ejercicios espirituales que realizamos en el Monasterio de Notre Dame de l’Atlas (Midelt). Un idioma que, paradójicamente, aprendí en casi-completo silencio, pues mis compañeros y yo vivimos unos días maravillosos en diálogo íntimo con Dios. Sé que cada uno de ellos trajo a Marruecos ciertas heridas en el corazón, yo misma arrastraba algunas. Varias de estas heridas, empezaron a cicatrizar con el tierno baño de comunión en Tattiouine. Luego, una vez llegados a Midelt, los ejercicios fueron como pasar por la enfermería. Y es que ninguno de nosotros, tampoco tú que me lees, vivimos en una felicidad perpetua. Todos hemos sufrido, todos hemos pasado el trago amargo del dolor, de la decepción, de la tristeza absoluta. Dialogar con Dios, y fijarme en su humanidad (“Sintió pavor y angustia” Mc. 14, 32-36) me ayudaron a darme cuenta de que, pese a todo, Él me ama, me consuela, cuenta conmigo y me necesita en el frente de la batalla. Recrearnos en el dolor, nos retiene y paraliza en perpetua enfermería.
Este diálogo, me hacía comprender más y mejor el espíritu con que los monjes cistercienses oraban y trabajaban por un ambiente de profunda comprensión, solidaridad y afecto con sus vecinos musulmanes. Sin duda el Espíritu de Tibhirine. ¿Os suena? En marzo de 1996 el GIA (Grupo Islámico Armado) secuestró en Tibhirine, Argelia, a siete monjes cistercienses, cuyas cabezas aparecieron en una cuneta. De aquella pequeña comunidad solo sobrevivieron dos monjes, uno de ellos, Jean-Pierre Schumacher, reside hoy en el Monasterio de Notre Dame de l’Atlas de Midelt. Conversamos con él, y apreciamos su testimonio. Sabían del peligro que entrañaba su permanencia en Argelia, y aun así decidieron quedarse. Al frente de la batalla. Una batalla que habían lidiado teniendo como referencia a la Virgen María, y fijándose especialmente en el momento en que ésta visitó a su prima Isabel. Según el texto evangélico (Lc. 1, 39-56), la presencia de Jesús es sentida sin verle directamente. Y así es como los cristianos evangelizan entre musulmanes: sin presentarlo abiertamente, sin hablar de Él directamente. Las hermanas Marie y Bárbara, y los monjes del monasterio, como tantos misioneros que han hecho de Marruecos su hogar, viven su fe llenos de Cristo. Como María, amando y sirviendo pese a todo aquello que no comprenden. Su Gracia, les basta. Ha sido un auténtico honor convivir con todos ellos, y también con mis compañeros de misión, a quienes agradezco el apoyo y el cariño incondicional en unos días intensos para llenarse de Cristo.

Blanca Serres Marco – Tarragona



3/9/17

Ouvrez les frontières y el corazón... Ceuta


A los pies de Yebel Musa, la mujer dormida, y ante la atenta mirada de un sol vespertino se alza, arrogante, desafiante y altanera, una valla que separa dos continentes: África y Europa. Tan insignificante parece y a su vez cuánto poder y sufrimiento carga. El sol va desapareciendo con la elegancia que caracteriza a un rey; con sus últimos rayos me acaricia compasivo, sabe que ya no lo necesito para ver, porque, tras dos semanas en Ceuta, por fin veo la realidad, soy libre.

Llegué cargada de mentiras y prejuicios. Pensaba que la valla era necesaria para frenar la profusión de inmigrantes que venían a robarnos nuestros escasos trabajos y recursos sanitarios. ¿Qué estaba haciendo yo allí? Entonces los vi y los conocí. Mi pequeño grupo de morenos. Hablé con ellos, reí, bailé, jugué… me enamoré de cada uno de ellos; pero a medida que pasaba el tiempo, dolía más. Intentaba tragar el llanto que aparecía en mi garganta cada vez que veía en sus pieles las heridas causadas por las cuchillas de esa valla.

¿En qué clase de personas nos hemos convertido en Europa? ¿Por qué yo puedo coger un avión e ir a cualquier parte del mundo y ellos no? No entiendo por qué con todo lo que nos ha costado a los europeos alcanzar unos derechos básicos ahora se los estamos negando a otros. ¿Qué clase de personas somos que les explotamos en sus países arruinándolos para poder tener artículos a bajo coste y luego tenemos la inhumanidad de poner una valla altamente profesionalizada para evitar que pasen? ¿Cómo es posible que critiquemos el muro de Trump y  la situación de los refugiados cuando en nuestra propia casa tenemos una situación tan injusta?


He conocido a personas valientes que se han atrevido a atravesar el desierto perdiendo amigos, permanecer meses en un frío bosque en pleno enero en cuevas evitando policía, saltar en mitad de la noche dos vallas con concertinas He conocido a personas absolutamente fabulosas con una calidad moral y personal a veces envidiada en el denominado primer mundo. Y os pido perdón porque, a pesar de haber conocido vuestras historias, ahora soy incapaz de transmitir toda esa injusticia a la gente que me rodea; pero, sobre todo, os doy las gracias por enseñarme a ser una mejor persona. Voy a luchar por intentar dar voz a esa sorda injusticia de la que nadie sabe; por vosotros, porque os quiero y porque os merecéis que se os reconozcan vuestros derechos por el mero hecho de ser personas. Porque si, jurídicamente, una persona es un conjunto de derechos y obligaciones y nosotros, europeos y españoles, estamos privando a otros de sus derechos olvidándonos de nuestras obligaciones,  entonces nos estamos alejando de esa definición  de persona y rozando la inhumanidad

Solo pido a Dios que me dé la mitad de fuerza de la que vosotros habéis y estáis teniendo para poder devolver esa humanidad perdida en Europa
                                                                                        
Un especial saludo a Rolando, Ivanildo, a todo mi grupo de personajes (sin olvidar al mítico a Raúl y su Maaaadre mía),  Maite y su familia, ejemplo de vida en todos los aspectos (ojalá algún día yo pueda ser y tener la mitad de lo que tú estás haciendo), a Fetiha, y, sobretodo, un abrazo súper grande a mis chicos, que ya no sois esos inmigrantes sino mis chicos, que adoro y quiero con toda mi alma. Gracias a todos por ayudarme en este camino de apertura.

María Ortín Soriano Teruel

1/9/17

Abrir los ojos, confiar, empatizar... Ceuta

¿Qué hago yo aquí?
¿Qué haces aquí?, una pregunta que me he hecho y me han preguntado desde el primer momento en el que pise Ceuta, esta simple pregunta me ha acompañado día tras día en este campo de trabajo y que casualmente le he podido dar respuesta en los últimos días. Las ideas y objetivos que traía de la península se quedaron por el camino porque me encontré con una realidad totalmente contraria a la que me había imaginado, he caído en la conclusión de que no todo lo que la sociedad comparte es real, la belleza exterior e interior de los inmigrantes con los que he podido compartir estas dos semanas es impresionante y esto solo lo he podido entender estando con ellos.
Desde el primer día todo el grupo fuimos acogidos con un gran cariño, cariño que iba creciendo conforme pasaba el tiempo y esto personalmente me sacudió, ahora veo todos mis prejuicios, Dios mío llegue a pensar que iban a ser una amenaza para mi, pensaba que iban a ser más distantes e incluso que nos iban a ignorar, pero ZAS me equivoque de nuevo, me lleve una grata sorpresa. Todo el campo ha sido muy bueno, es verdad que he tenido muchos altibajos, que a veces pensaba que el cansancio iba a poder conmigo pero gracias a Dios que me ha estado acompañando los quince días he podido disfrutarlo a tope.

Me quedo con todos los ratos vividos con los MORENOS dentro y fuera del centro, todos ellos han aportado riqueza a mi vida haciendo manualidades, bailando… ahora todos ocupan un lugar en mi corazón lugar del cual no van a salir. Otras experiencias que me han encantado fue el compartir el fin de semana en Marruecos con personas de diferentes sexo, religión, raza, cultura y edad allí nadie es extraño, todos éramos extranjeros y todos teníamos un corazón enorme, me siento enormemente afortunada de vivir esta experiencia.
Gracias a estas y otras experiencias vividas me he quitado una gran venda de los ojos y del alma. Quiero agradecer a todas las personas que han permitido que yo pudiera estar allí y por haberlo disfrutado tanto  todas estas experiencias. Gracias a Maite, Salva, Rolando, Ivanildo, Helena, María José y sobre todo a Dios he podido disfrutar de una de las mejores experiencias de mi vida, he visto la realidad y la cara de los inmigrantes que luchan a diario por hacer realidad sus sueños. Para terminar quiero dar la respuesta a mi pregunta inicial ¿qué hago aquí? Muy fácil he venido a buscar respuestas a mi vida, he venido a que me abran los ojos, a confiar, a empatizar y sobre todo a amar.

Beatriz Hernández - Teruel