que se fía de Él como lo más
necesario y absoluto,
porque no quedará defraudado.
Bienaventurada la misionera que
cada mañana dice “Padre nuestro”,
llevando en su corazón todas las
razas, pueblos y lenguas,
porque no se conformará con una
vida mezquina.
Bienaventurado el misionero que
mantiene su ideal por el Reino
y no pierde el tiempo en cosas
accidentales,
porque Dios acompaña a los que
siguen su ritmo.








































