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18/7/15

Nuevo Obispo Javeriano en Sierra Leona

El padre Luigi Menegazzo, superior general de los Misioneros Javerianos escribe a todos los misioneros javerianos con ocasión de la elección episcopal del javeriano Natale Paganelli.
"El Papa Francisco confirmó a nuestro hermano p. Natale Paganelli como administrador apostólico de la diócesis de Makeni en Sierra Leona, elevándolo a la dignidad episcopal y asignándole la sede de Gadiufala.
Nos unimos en oración con P. Natale y le pedimos la abundancia de los dones del Espíritu Santo en su nuevo ministerio.
La confianza del Papa Francisco hacia nuestra Familia nos alegra. El nuevo obispo esté seguro que obtendrá en nuestra Congregación la acogida y la fraternidad queridas por nuestro santo fundador que, como obispo, estará cerca y lo protegerá al P. Natale en su nuevo ministerio.
Pedimos para el nuevo pastor la protección de la Virgen María


Las fechas más precisas serán notificadas en cuanto se sepan".


Roma 18 de julio de 2015

Comunicado de Radio Vaticana:

En Sierra Leona, el Papa Francisco ha elevado al muy Reverendo Padre Natale Paganelli, administrador apostólico de la Diócesis de Makeni, a la dignidad episcopal. Al obispo electo Paganelli se le ha asignado la sede titular de Gadiaufala. Es miembro de la congregación religiosa de los Misioneros Javerianos que están trabajando en Sierra Leona. El Padre Paganelli es originario de Bérgamo en Italia.
El 7 de enero 2012 el Papa Benedicto XVI aceptó la renuncia del entonces obispo de Makeni, el obispo George Biguzzi cuando éste alcanza el límite de edad de 75 años. El obispo Henry Aruna, de la Diócesis de Kenema, en el sureste de Sierra Leona, fue elegido como nuevo obispo de Makeni.  El Obispo Henry Aruna sin embargo, no pudo hacer su entrada en la Diócesis. Hoy en día, el Santo Padre, Francisco  ha  nombrado al obispo Henry Aruna como nuevo obispo auxiliar de la Diócesis de Kenema y  se le ha asignado como titular de Nasbinca.
La Diócesis de Makeni se encuentra en la provincia del norte de Sierra Leona, con una población total de alrededor de un millón ochocientas personas. La parte norte de Sierra Leona es predominantemente musulmana. La diócesis de Makeni se estableció por primera vez como Prefectura Apostólica de la archidiócesis de Freetown y Bo en el año 1952. En 1962, fue elevada a diócesis con el obispo Augusto Azzolini como primer obispo.
Los primeros misioneros que evangelizaron la zona fueron los Padres del Espíritu Santo de Irlanda y los Misioneros Javerianos de Italia.
Según las estadísticas de 2014, la diócesis de Makeni tiene un total de 61 sacerdotes diocesanos y religiosos, así como 40 Religiosas. El número total de parroquias es de 25. También hay varias instituciones de salud y educativas que están a cargo de la Iglesia Católica.
La guerra civil de once años en Sierra Leona (1991-2002) dejó un sufrimiento indecible en las vidas de sus ciudadanos. Sierra Leona también ha sufrido mucho por la enfermedad, el Ébola, que primero se produjo en mayo de 2014. A pesar de que los casos de Ébola han disminuido considerablemente, todavía se están reportando nuevas infecciones esporádicas. La situación del Ébola ahora no es como era cuando la enfermedad alcanzó su punto máximo en 2014.

7/7/15

Esperanza, el ébola, el contraste...

5-07-2015
Queridos todos y todas: Paz y Bien.
                El tiempo, como siempre, pasa veloz y lento; veloz cuando miramos hacia atrás, lento en el día a día. Ha pasado veloz desde la última vez que me comuniqué con vosotros; va pasando lentamente en esta situación en la que vivimos donde, no obstante las ostensibles mejoras,  la realidad se resiste a cambiar de forma radical si el ébola desapareciera del todo y la normalidad comenzara a crecer, posibilitando la recuperación de la sociedad y del País entero que aún sigue en estado oficial de emergencia.
                Y la vida sigue, como en todas partes, con sus luces y sus sombras, las primeras son motivo de alegría y esperanza, las segundas siguen produciendo, en los ánimos de todos, una cierta desazón que esperemos, para el bien de todos y sobre todo para los más afectados, termine pronto. En todo caso produce admiración el constatar que aquí siempre se percibe, aun en las sombras, también la luz, por poca que sea…
                Como ya seguramente sabéis la situación con respecto al ébola ha mejorado mucho: los infectados son poquísimos (unos dos o tres al día en todo el País); los aun enfermos y en tratamiento, en todo el País, son varios centenares, de los que la mayoría superan los efectos del virus y sobreviven. Los centros de tratamiento se van cerrando por falta de “clientes”; las medidas de prevención, seguimiento y tratamiento se han consolidado y están produciendo su efecto; la asistencia a los afectados, supervivientes y huérfanos está más organizada y llega (en general) a los que tiene que llegar… ¡en fin! que estamos a pocos pasos de llegar a la meta deseada y tanto esperada: que el País sea declarado libre del ébola, se levante el estado de emergencia y la vida normal pueda abrirse paso cada vez más y mejor.
                La vida ahora es más normal: los controles en las carreteras, las restricciones de movimiento, los horarios del comercio y de los transportes se han flexibilizado; la escuela y la universidad abrieron sus puertas en abril, la actividad económica y empresarial ha mejorado un poquito (falta que vuelvan las empresas internacionales- lo harán cuando el ébola haya desaparecido), algunas compañías aéreas han vuelto a operar…la mejoría está dando sus frutos poco a poco. PERO faltan esos pocos pasos que son imprescindibles para que todo termine: que los casos sean cero en todo el país, de forma continua sin ningún día de excepción, durante 42 días. Por ahora no se consigue, todos los días, excepto alguno, hay dos o tres casos, casi siempre en los mismos lugares en los cuales se ha impuesto el toque de queda, de la seis de la tarde a las seis de la mañana todo el mundo tiene que estar en su casa y se suspende toda actividad. Son pocos pasos los que faltan, pero parece que hay que darlos en un camino fangoso, donde la tierra es de esa rojiza, pegadiza y pastosa donde, si no estás atento, al dar el paso se te queda el zapato incrustado en el terreno. Parece que los que parecían más pesimistas y que decían que la cosa duraría hasta diciembre o más, van a tener razón…, y con todo el período de alerta y precaución será más largo. En Liberia, que había sido declarada libre del ébola el pasado 9 de mayo, después de los 42 días sin ningún caso, el pasado 29 de junio murió un joven por causa del virus, otras dos personas están contagiadas y más de 200 en observación, hay que seguir vigilando…
                En todo caso, la vida sigue y las mejoras se notan en una mayor actividad ciudadana, pastoral, laboral y de sensación de un cierto respiro en la población, junto a una mayor esperanza de que la mejoría se afiance y propicie la total desaparición de esta  pesadilla personal y colectiva.

                Después se meses de un cierto “recogimiento” casero da alegría ver el movimiento producido por la apertura de la escuela y la universidad y del levantamiento de lagunas restricciones. Aquí, diariamente y en casi todas las parroquias y comunidades, la Eucaristía de la mañana es a las 6,30. Para celebrar la Misa, en la parroquia o en una comunidad de las Misioneras de la Caridad de la madre Teresa de Calcuta, hay que salir de casa sobre las 6,15, a esa hora no se ve a casi nadie por la calle, también el tráfico es poco; cuando regreso, pasadas las 7, las calles están atestadas de tráfico y de centenares de niños y niñas , adolescentes y jóvenes que van a la escuela, todos con sus uniformes (de una gran variedad de colores y formas) relucientes, sus mochilas y sus zapatos negros brillantes, van en grupos procedentes de los diversos barrios (ya supondréis que aquí el Autobús escolar es el de “San Fernando”). Las escuelas este año han dividido las clases, con turno de mañana y tarde, para tener menos alumnos en las aulas y evitar el que estén amontonados propiciando los posibles y temidos contagios. Como este año se ha comenzado tarde este curso y el que viene serán más cortos, así como las vacaciones.
                Ahora, pasado el período crítico y grave, la actividad del Gobierno, de las ONG y de las Iglesias está centrada en el apoyo a las personas y familias afectadas y a los huérfanos; un apoyo, en la medida de lo posible, material y de solidaridad y de acompañamiento a los que han quedado más traumatizados por esta experiencia sufrida. Así se está haciendo en nuestra Diócesis de Makeni a través de Caritas y de las parroquias. Entre nosotros está trabajando un equipo de Hermanos Camilos, Congregación dedicada, sobre todo, a la sanidad, que llevan adelante un programa de acompañamiento y apoyo a más de 200 familias que han sufrido la pérdida de uno o más de sus miembros. El trabajo lo hacen los hermanos junto a un nutrido grupo de personas locales preparadas previamente para tal efecto. En nuestra parroquia son veinte las familias seguidas dentro de este programa.
                En nuestra parroquia de San Guido María Conforti se ha recomenzado con el catecumenado (30 niños, 25 adolescentes-jóvenes, 16 adultos)que reúne a los interesados dos veces a la semana, sábado por la tarde y domingo por la mañana. Así mismo se están organizando las actividades con los matrimonio, los adultos los jóvenes, la Asociación caritativa de San Vicente de Paul…, para que cuando se puedan recomenzar normalmente todas las actividades (cuando se quite el estado de emergencia) no se pierda más tiempo, la esperanza es que pueda ser en septiembre-octubre.
                Seguimos atendiendo las ocho sucursales que tiene la parroquia, la más cercana a unos 10 Km., la más lejana a unos 80. Yo suelo ir a una que se llama Rogbesseh, de mayoría musulmana y donde hay una comunidad cristiana de unas 100 personas, de las cuales un poco más de la mitad participan asiduamente a las celebraciones. En general la asistencia a la Eucaristía dominical es de unos cuarenta adultos, seis siete jóvenes y una quincena de niños o más; entre los adultos hay un grupito de abuelas que son de las que más participan en el cantos, las danzas, las oraciones de los fieles que, a veces, son casi como homilías. Los niños-as son también muy activos en dar palmas (aunque no se sepan los cantos) y en danzar. Todos los domingos empleamos unas dos horas celebrando nuestra fe y fraternidad, tratando de abrir nuestro corazón a la acción del Espíritu para que podamos crecer en nuestra cercanía al Señor y entre los miembros de la comunidad, para que podamos vivir, cada vez más con los sentimientos y el estilo de vida de Jesús. Por la puerta de la Iglesia y por las ventanas se ve parte de la aldea: casas de adobes de barro, la mayoría no cubiertas ce cemento; techo de láminas de zinc un tanto deteriorado; algunas casas con ventanas sin ventanas, tapadas con tablones de madera o pedazos de zinc; calles de tierra, ahora de barro por estar en la estación de las lluvias; una escuela que se cae a pedazos, aunque se está construyendo una nueva; no hay electricidad sólo dos o tres familias, las más pudientes, tienen un pequeño generador; el agua proviene de un pozo que está en medio de la aldea construido hace años por una ONG…¡En fin! una típica aldea rural, dedicada a la agricultura, cuyo trabajo da para sobrevivir y, con esfuerzo, mandar a los niños-as a la escuela primaria y a los adolescentes-jóvenes a la secundaria, aunque más de la mitad de las familias no tienen la posibilidad de ofrecer esa oportunidad; desde la edad que pueden hacer algo todos trabajan en el campo.
                Desde la silla de la presidencia en el reducido presbiterio veo todo este panorama y, a veces, me distraigo pensando en las diferencias que hay en este mundo, en las carencias que tantos tienen que afrontar durante toda su vida, en la falta de oportunidades para una vida más adecuada que en estos sitios existe…Por otra parte me veo a mí mismo y miro a la comunidad que tengo delante que estamos celebrando la vida nueva y plena que en Cristo recibimos, la esperanza que Él nos infunde, el camino de crecimiento que Él nos ofrece…, y me quedo un tanto “pasmao” percibiendo el contraste. Un contraste que es real, pero no el que determina nuestro encuentro con Cristo y la celebración de la fe y del amor que Dios nos tiene y que tratamos de tenernos entre nosotros. En cualquier circunstancia el saberse amados por Dios, el tratar de vivir el encuentro con Jesús en la fraternidad, en la comunión, en el gozo de pertenecer a la familia de los hijos e hijas de Dios, es un motivo de alegría, una fuerza que nos hace afrontar las dificultades de otra forma, que nos hace crecer como personas y como sociedad, que nos hace reaccionar frente a lo que no es conveniente para la persona y la comunidad…Todo ello, en la sencillez de la vida de estas comunidades, se refleja en el sentido de pertenencia a la comunidad y a la Iglesia, en la confianza en el Señor, en la ayuda y cercanía recíproca, en tratar de mejorar la situación de la aldea…¡En fin! que el Espíritu y al amor de Dios trabaja en los corazones. Pensando en estas realidades se me pasa un poco el “pasmo” y doy gracias al Señor por poder celebrar mi fe y mi adhesión a Jesús con estas personas en estas comunidades…
                Y, entre una cosa y otra, alguna visita a una u otra escuela de las 10 que tiene la parroquia; la inauguración de un pozo en una sucursal que ha sido subvencionado por un grupo de bienhechores; la visita al Campo de los poliomielíticos que está en nuestra parroquia y a la existencia del cual colabora la Diócesis…, es decir un poco de todo con la esperanza de colaborar en algo y estar cercanos a los grupos y a las personas entre las cuales vivimos y trabajamos.
                Todos nosotros estamos bien, incluso ahora un poco mejor al haber llegado la estación de las lluvias, con ellas las temperaturas se mitigan un poco y se está mejor; aunque como no hay rosas sin espinas, la contrapartida es que con las lluvias muchas carreteras de tierra se hacen intransitables y algunas quedan cubiertas por el agua, imposibilitando, por semanas, el acceso a ciertos lugares y comunidades cristianas.
                ¡En fin! creo por hoy es todo, he pasado un rato agradable, por medio de estas líneas, en vuestra compañía por medio del recuerdo. Agradezco a todos-as y cada uno-a vuestro recuerdo, seguimiento, interés y colaboración con nosotros. Nuestro trabajo no sería posible sin el apoyo que, en todos los sentidos, recibimos de vosotros y de Instituciones, Parroquias, Grupos… ¡Muchas gracias!
                Con mis mejores deseos de bien, fraternal y cordialmente os saludo. ¡Hasta la próxima!
P. Luis Pérez Hernández s.x.
Makeni, Sierra Leona

p.d. Os mando también el saludo de estos dos vecinos nuestros que, de vez cuando, vienen a hacernos una visita. (La primera foto).

10/11/14

Sierra Leona, huerfanos, ébola luces y sombras

La situación en el País con respecto a la incidencia del ébola sigue, más o menos, igual. Ha habido alguna mejora, otras realidades han empeorado, en unos distritos los muertos y afectados han disminuido, en otros han aumentado; la ayuda internacional, tan necesaria, está llegando, aunque muy despacio; siguen haciendo falta personal sanitario preparado y los medios adecuados para poder frenar y combatir la epidemia con eficacia. Es decir, que el balance nos da una situación grave, estabilizaba en niveles altos de la presencia del virus y sus consecuencias. Todavía tenemos, por desgracia, para rato.
Las cifras oficiales, es decir, los que se cuentan por haber asistido a un centro sanitario, son unos 4.300 afectados, más de 1.200 muertos y 870 supervivientes. Asimismo, según los organismos internacionales, hay más de 300 niños huérfanos no infectados y unos 600 que permanecen en cuarentena todos ellos son hijos de padres que han muerto a causa del ébola.
La ayuda internacional va llegando: se han abierto tres laboratorios para poder detectar el ébola en distintos lugares del país, por lo tanto ahora son cinco en lugar de dos; la Diócesis de Makeni está tratando de poner en funcionamiento uno en el hospital que aquí tiene, ya hay algunos benefactores disponibles, pero la realización es cara; estos laboratorios son esenciales ya que cuanto antes se detecta la infección y se comienza a tratar más altas son las posibilidades de salvar vidas. También se han abierto, o están a punto a comenzar a funcionar, tres centros de aislamiento-observación y otros tantos de tratamiento. Los de aislamiento-observación siguen, por 21 días (los que emplea el virus para manifestar los síntomas) a las personas que hayan estado en contacto con afectados o muertos, si durante este periodo el virus no se manifiesta la persona es dada de alta; de lo contrario pasa al centro de tratamiento donde se comienza a intentar la curación. Estos centros están patrocinados y gestionados por el Estado o, los nuevos, por ONGs, o países como Gran Bretaña, Italia, Cuba, España. La apertura de estos centros ha supuesto la llegada de personal sanitario preparado y de los medios para poder realizar este trabajo tan delicado, peligroso y que requiere instrumental-material muy específico.
Aquí (personal, centros y medios) reside la clave de la lucha contra el ébola; junto a las medidas de prevención del contagio que las Autoridades e Instituciones repiten con machacona insistencia. Medios que cuestan dinero, el País hace lo que puede, pero la pandemia es tal que no puede llegar a todo. Por ello es imprescindible la solidaridad internacional que, por otra parte, sería una consecuencia de la justicia y de unas relaciones económicas y comerciales más de «igual a igual», con una distribución de beneficios más equilibrada entre el «norte» y el «sur». Se podría decir que la causa principal de lo que está pasando en Sierra Leona es la pobreza, no por ser un país pobre, sino porque sus gentes han sido empobrecidos. 
He aludido a algunas luces que se van encendiendo y van «iluminando» la situación. Por desgracia también hay sombras como ya he dicho, y sombras nuevas que se han cernido sobre la población: «los huérfanos del ébola» como se ha dado en llamarlos, que se estiman en más de 300 en el país.
En muchos países, más en los pobres que en los ricos, hay niños «de la calle», sin escolarizar, desnutridos, endémicamente enfermos «maras» huérfanos…En África también hay huérfanos y muchos; lo que en África, generalmente hablando, no existen son huérfanos abandonados, de hecho un buen número de niños-as se crían con sus tíos o abuelos. La familia en África es «alargada», aglutina a personas incluso de parentesco lejano, por lo tanto cuando un niño-a y se queda huérfano se incorpora a otra casa donde tenga familiares. Ese núcleo será su punto de referencia, de relación, de pertenencia, de subsistencia, el niño-a no queda a la deriva, se siente acogido, está con los suyos que compartirán con él o con ella lo que son y lo que tienen, con ellos vivirá, en muchas ocasiones malvivirá como malviven los que los acogen; pero está y vive con los suyos.
La nueva sombra que ha trastocado este aspecto de la cultura y de la vida en Sierra Leona, es el ébola: el miedo al contagio, el pensar que el niño-a (aunque curado o dado negativo) habiendo sus padres muerto por el ébola pueda ser peligroso, quedan estigmatizados y abandonados a su suerte. Para estos niños-as el foso de la pobreza y de la indigencia se hace más profundo, más negro, más sin esperanza, se les roba un poco más de una infancia que ya era una infancia sufrida, que casi no era infancia.
El gobierno ha salido al paso de esta situación determinando que estos niños-as, después de seguir el «protocolo» general para todos y cuando ya estén curados, o se confirme que no están afectados, sean acogidos en un centro que los atienda. Ha encargado esta labor a Los Salesianos, que son los que más preparados están para tratar con niños y han puesto alguna estructura a disposición de este servicio. Alguna que otra institución ha acogido a algunos y otras están tratando de organizar algún tipo de apoyo y seguimiento. Estructuras y medios que son del todo insuficientes para los «huérfanos» actuales y para los que, con toda seguridad, están por llegar…
Por otra parte, no todas las familias rechazan a estos niños-as, quieren llevárselos con ellas, pero no es tan fácil, necesitan apoyo económico para el mantenimiento y los medios oportunos para el seguimiento sanitario adecuado en caso necesario… ¡En fin! Que volvemos a lo mismo: soporte económico, tanto para los centros de acogida como para las familias que, superando el miedo con el afecto y la cultura que les es propia, se quieren hacer cargo de estos niños-as.
Todos: autoridades, iglesias, asociaciones, sociedad civil-familias están tratando de encontrar la mejor solución, desde los diversos puntos de vista (sanitario, económico, de sensibilización…) para este nuevo reto que afecta a las vidas de estos niños-as a los cuales les es difícil comprender que les rechacen, marginen y estigmaticen. Se está intensificando la campaña de sensibilización, de la sociedad y de las familias, de que el huérfano de padres muertos por ébola si no fue infectado o está curado no es peligroso.
Luces y sombras, todos seguimos trabajando para que la luz se imponga y seguimos esperando que el trabajo y colaboración interior siga creciendo, que la ayuda internacional siga llegando y con mayor celeridad, que los medios necesarios estén, lo antes posible, a disposición de los que están arriesgando su vida para el bien de los demás y del País entero. Mucho depende de los «de aquí», otro tanto, o más, depende «de los de allí» de los que más tienen y no tanto necesitan.
Muchos saludos y hasta la semana que viene.
P. Luis Pérez Hernández s.x.
Misionero Javeriano en Sierra Leona



2/11/14

Frente al ébola: sembrar esperanza y ser cercanos Sierra Leona

Como ya he contado anteriormente, dada la distribución de los católicos por el territorio de la parroquia, que tiene una parte urbana y otra rural, la parroquia se entera enseguida, informada por algún feligrés, de la existencia de algún afectado, de que hay alguna casa o casas aisladas por 21 días por haber algún caso sospechoso o una muerte de la que no es clara la causa.
Hace unos días nos informaron de que en la aldea de Roketeh, perteneciente a nuestra parroquia, a unos 8 Km. de Makeni había tres casas en aislamiento. Al día siguiente fuimos a visitarlas acompañados de varios colaboradores de la parroquia, se trataba de tres casas cercanas alineadas en el camino terregoso que llega al centro de la aldea.
Lo ocurrido era lo que con frecuencia, por desgracia, se repite de forma parecida en otras ocasiones y que contribuye a la extensión y contagio del ébola y sus trágicas consecuencias:
Un joven, que vive en Freetown, se siente mal y vuelve a su aldea (Roketeh) para estar en su casa con los suyos, su madre le atiende y le cuida; el joven empeora y se lo llevan a la capital. Unos días más tarde, la madre se siente mal y acude a la destartalada clínica de una aldea cercana y más grande (Makari), la clínica está atendida por una enfermera que recibe a la madre y la ingresan. Desde Freetown, donde el joven ha sido llevado al hospital por haber empeorado y por fin muerto, llaman a la clínica de Makari para decir que el joven al que atendieron ha muerto por causa del ébola; demasiado tarde, la enfermera que atendió a la madre y la madre misma están contagiadas y ya han muerto también. Cerca de la casa donde estuvo el joven hay otras dos casas, en ellas habitan familiares de la anterior, la madre iba y venía a estas dos casas, dos más fueron infectados: una madre con nueve hijos, que ha muerto y un hombre que, poco a poco, está recuperándose. Ahora las tres casas están en aislamiento «voluntario» ya que aunque ha pasado más de una semana todavía no ha aparecido por allí ningún personal sanitario.

Todo lo anteriormente dicho lo hemos venido sabiendo en las sucesivas visitas que el equipo parroquial encargado ha hecho a estas familias para ofrecerles alimentos para una mejor supervivencia; alimentos que complementan la ayuda del gobierno en estos casos, aunque en éste la ayuda aun no ha llegado, ni tampoco los sanitarios…
La primera visita que el quipo parroquial hace tiene como objetivo el hacer saber a esas familias (católicas, protestantes, musulmanas…) que hay personas que saben la situación en la que se encuentran, que rezan por ellas, que trataran de ayudarles a que puedan trascurrir estos 21 días lo mejor posible, que pasarán por allí de vez cuando para interesarse por su situación…Es una visita un poco «fría», los afectados no conocen a los que llegan y, dada su situación, son un poco recelosos de las «consecuencias» que podría tener esa visita, se muestran, en principio, poco comunicativos y un tanto esquivos. Por parte de los que vamos a visitar también hay una cierta aprensión al no saber con exactitud lo que allí encontraremos. En todo caso, al final la cosa ha cambiado un poco después de hablar, de informarnos recíprocamente, unos de lo que ha ocurrido, otros de que se desea acompañar y ayudar en esta difícil situación. Toda la conversación realizada a una prudente distancia como manda el «protocolo».

En las casas africanas suele vivir y convivir un buen número de personas: ancianos, adultos, jóvenes, niños; el ambiente suele ser bullicioso y en gran medida alegre y ruidoso…Llama la atención cuando llegamos a estas casas aisladas el silencio que encontramos, la falta de «vivacidad» de los que allí están y nos reciben, las miradas casi perdidas de las personas con las que hablas, la actitud como resignada que encuentras…, todo ello, pienso yo, como consecuencia de la situación en la que se encuentran, de la incertidumbre sobre su futuro y, sobre todo, sus vidas…, ya saben lo que ha pasado en otras partes, muchos han muerto, ciertamente tiene que ser una experiencia agobiante: esperar durante 21 días para ver lo que pasa, si vivirás para contarlo o morirás para formar parte del número de las estadísticas que las autoridades sanitarias publican cada día; son 21 días que deben parecer años y con una obsesión fija, clavada como un clavo, en la mente y en el corazón: ¿qué será de nosotros?
Cuando regresamos a nuestra casa, después de las primeras impresiones sobre la visita, el viaje en el coche se realiza casi en silencio, no hay mucho que decir, es una situación casi «típica» de casos como este. Se va en silencio pensando en esa gente que se añade al número de los «sufrientes», en este caso unas 18-20 personas, por las cuales no se puede hacer mucho. Se va pensando en cuantos ya no estarán en la próxima visita y en los que quedarán al final. En algunos casos han muerto más de dos tercios de una familia o una casa. Se va pensando en la angustia, el miedo y la incertidumbre con que estas personas vivirán estos 21 días. Volvemos a casa un poco como con la «mente en blanco», un tanto desconcertados, impotentes, tristes por haber visto la situación de esas personas que se encuentran en un estado que se podía, en gran parte, haber evitado con más información, más prevención, una actuación sanitaria más adecuada y rápida, más medios para detectar la infección y tratarla lo antes posible…
La situación va mejorando un poco en cuestión de información sobre lo que hay que hacer: ir al hospital cuando uno se siente mal, no tener contacto físico con los demás, seguir las orientaciones de las autoridades sanitarias…; discursos de presidente de la nación, intervenciones de las autoridades sanitarias, machacona repetición en la radio, las parroquias, las instituciones, las ONGs…, están haciendo que la gente tome conciencia y, por lo tanto, los contagios tiendan a disminuir, aunque todavía la incidencia del virus permanece a un nivel alto.
¿Qué hacer?: Informar e informar, incrementar la prudencia y la prevención, acompañar a los afectados con cercanía y empatía (en esto estamos), tratar de detectar a tiempo para intentar curar. Para estas dos últimas cosas hacen falta personas preparadas y medios adecuados que aquí escasean y que se esperan de la ayuda internacional, ayuda que está llegando poco a poco (un gran gracias a los que han llegado y a los que han mandado equipamiento), pero demasiado poco a poco y lentamente, con una lentitud que costará, por desgracia, muchos más sufrimiento y muertos y que, como en otras tantas ocasiones, supondrá una vergüenza para la comunidad internacional, para los que la tengan me refiero…
Muchos saludos, mis mejores deseos de bien y hasta la semana que viene.
P. Luis Pérez Hernández s.x.
Misionero Javeriano en Sierra Leona

23/10/14

La acción de la iglesia en Sierra Leona frente al ébola

Ante el cariz que ha tomado la extensión del virus del ébolaen nuestro distrito (Bombali) y en nuestra ciudad y diócesis (Makeni); constatando que los esfuerzos que está haciendo el gobierno no llegan a todos e impulsados por el deseo de compartir como hermanos, de ser solidarios y de colaborar a afrontar esta pandemia que hace sufrir y perder la vida a tantas personas, las parroquias de Makeni se han movilizado y organizado.
El administrador apostólico de la Diócesis (estamos esperando el nombramiento de un obispo) ha convocado, varias veces, a lossacerdotes y religiosos para organizar, de alguna manera, una cierta atención a los afectados por el ébola y sus familiasen los diversos territorios parroquiales, sean éstos católicos, protestantes, musulmanes o de otras confesiones religiosas.
Aquí las parroquias son extensas y los católicos están diseminados en el territorio (ciudad y aldeas en la nuestra). Es por ello por lo que cuando se da un caso de «posible afectado-a», los mismos feligreses informan a la parroquia.
Conocida la situación, la comunidad se moviliza: alguno o varios sacerdotes, con algún laico, visitan a las personas y lugares señalados como afectados. Una veces las autoridades sanitarias ya han ido allí, en muchas ocasiones todavía no han aparecido. En esta primera visita, por lo tanto, la situación que encuentra el «equipo parroquial» es variada: casos ya identificados, otros esperando los resultados de los análisis; casas auto-asisladas a la espera de verificación, casas aisladas por las autoridades y vigiladas por el Ejército, para que nadie salga ni entre de la casa y el recinto que la rodea; casas donde hay algún enfermo de ébola dentro, casas donde ya ha muerto alguna o varias personas como consecuencia del virus.
Sea como fuere, el «equipo se presenta» como miembros de la parroquia que han querido visitarles para expresar su pesar y ofrecer su cercanía y colaboraciónen esos momentos difíciles y para ayudarles a la supervivencia en los 21 días que tienen que estar aislados.
El encuentro y la conversación se realiza a una prudente distancia, siempre hay que evitar el contacto. Los afectados expresan sus necesidades, sus temores y explican la situación de los que viven en esa casa o casas, si han sido visitados por algún sanitario, si han recibido alguna ayuda…La parroquia les ofrece su cercanía, seguimiento y colaboración (apoyando a la ayuda del gobierno) mientras duren los días de aislamiento. Son encuentros cargados de sentimientos de incertidumbre de pesar y de esperanza; de incertidumbre y pesar ya que todos, tanto los que allí como los que visitan, saben que es un momento difícil, sin final conocido, que se hará largo en el ánimo y en el corazón de los afectados; de esperanza porque la vida siempre «quiere vencer» y porque todos los que allí están harán lo posible para que así sea; los resultados se verán, no dependen ni de ellos ni de nosotros; lo que sí depende es cómo se afronta la situación y, en todo caso, siempre es positivo y da esperanza el afrontarla juntos, tratando de hacerse cargo los unos de los otros.
Los afectados unos son católicos, otros protestantes, otros musulmanes.., todo encuentro-visita termina con una oración a Dios Padre, que nos ama y en el que se pone la esperanza; todos se recogen y rezan: afectados, visitantes, vecinos, policías, soldados…
La siguiente visita tendrá el mismo objetivo: confortar y hacer sentir la cercanía de la comunidad cristiana a las personas afectadas. A ello se unirá la distribución de alimentos, para ayudar a sobrevivir en esos días de aislamiento, que la comunidad cristiana, en las colectas parroquiales, ha aportado para compartir y los comprados con aportaciones que llegan a la parroquia, tanto desde aquí, como desde el exterior.
Son «granos» de arena que cimentan la fraternidad, alientan el deseo de vivir y cooperan, modestamente, a paliar un poco el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas.
Muchos saludos y hasta la semana que viene.
P. Luis Pérez Hernández s.x.
Misionero Javeriano en Sierra Leona

22/9/14

Entrevista al javeriano Luis Pérez desde Sierra Leona

Los misioneros españoles piden más concienciación y recursos médicos La 'tribu' del auxilio humanitario
En Sierra Leona se cuentan con los dedos de la mano los misioneros españoles
FERNANDO QUINTELA / Wouzee Actualizado: 22/09/2014 06:43 horas
El padre Luis Pérez es uno de los miembros de lo que se podría llamar "la tribu" del auxilio humanitario. El del espíritu y el cuerpo.
wouzee.com
En Sierra Leona, uno de los países más pobres del mundo, una región maravillosa de la que los colonos ingleses huyeron por considerarla "la tumba del hombre blanco" por la cantidad de enfermedades a las que se exponían y no superaban, se cuentan con los dedos de la mano los misioneros españoles que se sacrifican por esos negros esculturales hechos a golpe de trabajo y poco alimento.
Son todos míticos, como Chema Caballero y su lucha por recuperar niños soldado, el Padre Garayoa y el propio Padre Luis Pérez, que aguantaron la guerra más bestia y un secuestro duro y cruel por parte de los rebeldes sanguinarios del RUF.
Son todos amigos, se preocupan religiosamente los unos por los otros, y así hizo Luis con el Hermano Manuel García Viejo, ya repatriado a España para su esperada curación. "Me sorprende su contagio días después de haber fumigado y desinfectado su hospital. Cuando ya no veía enfermos. Pasó 21 días de incertidumbre ante un posible primer contagio y los contaba como los más largos de su vida", recuerda desde Makeni.
El Padre Luis, misionero Javeriano, cuenta con anormal normalidad cómo la población aún no se cree que el ébola sea una enfermedad, sino que es obra de las "brujas violadoras", o witchcraft, y de los "moriman", que son los brujos en su versión masculina. Dos tipos de gente que ahora aprovechan la ignorancia para hacer su agosto aunque algunos se encuentran de cara con la muerte por tocar a los enfermos.
Luis cuenta cómo algunas familias esconden a sus muertos debajo de las camas para que las patrullas destinadas a detectar casos posibles de ébola no se los lleven los centros de internamiento, saturados y posiblemente llenos de enfermos.
Han ajustado hasta sus leyes: si no denuncias un caso conocido de ébola en tu familia, tu vecindario, y te descubren... a la cárcel. Se han prohibido las aglomeraciones humanas: cines, misas, discotecas, etc. Viven un estado de excepción muy particular.
El javeriano sólo ve una solución: mejor concienciación y mejores recursos médicos. "Aquí hace falta algo más que hombres con buena voluntad". Tengo la gran suerte de conocer todos, y doy fe de que además de buena voluntad estos hombres, y muy especialmente Manuel, son héroes de carne y hueso.

FUENTE Y  PARA VER EL VÍDEO y escuchar a Luis Pérez directamente. http://www.elmundo.es/solidaridad/2014/09/22/541f301d22601d56538b457e.html