China, el gran sueño del insigne apóstol, arzobispo de Parma, y fundador de los Misioneros Javerianos, que se dejó guiar siempre por el crucifijo, su libro por antonomasia
Guido María Conforti, natural de Casalora di Ravadese, Italia, nació el 30 de marzo de 1865. El crucifijo fue «el libro» por antonomasia de este santo fundador que se sintió llamado a seguir a Cristo siendo un adolescente: «El Crucifijo es el gran libro que ofrece a nuestros ojos horizontes infinitos». «No es posible fijar la mirada en este modelo divino sin sentirse empujado a cualquier sacrificio por grande que sea». Y desde luego él no escatimó ningún esfuerzo. Contemplando al divino Redentor supo contrarrestar la tenaz oposición su familia para materializar una vocación que había surgido dentro de su corazón con fuerza y carácter irreversible. Ingresó en el seminario en 1876. Se caracterizó por su piedad, diligencia, obediencia, así como por su dedicación al estudio.









































