
Sin duda, los valores cristianos que los misioneros nos han inculcado pueden cambiar el mundo, pero para que la semilla que Cristo ha sembrado a través de ellos no se pierda, es necesario que las comunidades cristianas se sostengan por sí mismas, con sus sacerdotes nativos que continúen el trabajo empezado por los misioneros. Pero esto no puede hacerse en muchas ocasiones por falta de medios económicos.








































