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20/1/20


Campo de trabajo con inmigrantes en Tetuán

“Encontrándolos Lo Encontramos”

Del 11 al 24 de julio 2020

OBJETIVOS
Vivir una experiencia fuera de España en clave misionera, al servicio del inmigrante. Tener la experiencia de una Iglesia minoritaria y descubrir a Cristo presente en tierra de Islam y vivir la fraternidad humana.

¿PARA QUIÉN?
Personas con deseo de vivir el encuentro con el otro, de otra cultura, lengua y religión, que tengan motivaciones de fe y/o deseo de crecer en ellas, para acercarse a estas realidades de misión desde un espíritu cristiano.
Deseo de profundizar la experiencia vivida en un contexto fuera del propio país y en misión.
Deseo de descubrir la presencia de Iglesia que es minoría en tierra de Islam.
Deseo de encontrar a Cristo fuera de la propia cultura y ambiente. 

¿EN QUÉ CONSISTE EL CAMPO DE TRABAJO
Son unos días para dedicarnos al servicio y a la reflexión. Además es una buena oportunidad para conocer gente nueva.

Por las mañanas estaremos disponibles para la atención a inmigrantes, servicio de duchas, lavado de ropa, tiempo para estar con ellos, juegos de mesa, clases de castellano. En resumen estar dispuestos para que ellos sientan cercanía y ternura, acogida y acompañamiento.
Por las tardes reflexión sobre algunos temas: Iglesia en Marruecos, presencia cristiana en un contexto musulmán, gratuidad, misión, diálogo, conocer más de cerca la presencia franciscana en Marruecos para ver lo que hace la Iglesia en un país musulmán.
Eucaristías con la comunidad cristiana de Tetuán.

Y TAMBIÉN
Posible visita a Tánger, al obispo o vicario general y algún otro lugar de la diócesis para tener una visión más amplia de la Iglesia en Marruecos.

FECHA
Del 11 al 24 de julio 2020

EDAD
Estos campos  reagrupan a jóvenes de 21 a 30 años y se realizan en colaboración Franciscanas Misionera de María y Misioneros Javerianos

¿QUÉ LLEVAR?
Sábanas, Biblia, cuaderno y bolígrafo, ropa de verano y tus efectos personales, si tienes algún instrumento musical, pasaporte (mínimo seis meses de vigencia desde la llegada a Marruecos), muchas ganas de compartir y vivir con el grupo, ropa de verano, utensilios de aseo, toallas.

PRECIOS
Toda la estancia a partir de Tánger, será de 180.00 euros incluyendo desplazamientos y estancia en Tetuán. Nota: el precio no incluye el viaje hacia Tánger.

¿EN DÓNDE?
Parroquia de Nuestra Señora de las Victorias en Tetuán, Marruecos

PARA MÁS INFORMACIÓN

Misioneros Javerianos
c/ Ntra. Sra. de la Luz, 40 bis / 28025 Madrid
Contactar con:
Rolando Ruiz Durán, sx
Ivanildo de Sousa

Franciscanas Misioneras de María (Madrid)
Helena Oh Yun Jeong fmm
Tel 633838324

19/8/19

El Señor sale a tu encuentro


Se acercaba el momento… todo un año esperando y preparándonos para esa experiencia, irnos de misión. Y ahí estábamos Javi y yo en la casa de los Misioneros Javerianos un mes antes del viaje escuchando cómo Rolando nos contaba en qué consistiría el campo de trabajo con inmigrantes, lo que íbamos a hacer y todo lo que había que llevar (tanto material como mental y espiritual). “Fraternidad humana”, ese era el nombre que habían elegido para el campo. En principio me encajaba bien, tenía sentido en mi cabeza, siempre que había tenido encuentros de misión había vuelto con el corazón ensanchado y la mente más abierta, más humana. Y, si encima el Papa Francisco había escrito un documento sobre ello junto con el Gran Imán Al-Azhar Ahmad Al-Tayyeb, el tema era importante y muy actual (la inmigración sale todos los días en los medios de comunicación).
Sin embargo, la última tarde que pasé en Tetuán me di cuenta de que aquel día había estado equivocada, no comprendía lo que significaba realmente “La Fraternidad Humana”. Durante el retiro final de oración fui consciente de dos cosas principalmente:
La primera de ellas era que anteriormente solo había sido experimentado una parte de ese gran título (Fraternidad Humana), había vivido la humanidad pero acababa de descubrir lo que era la fraternidad. No es solo llamar al otro “hermano”. En mi caso he experimentado lo que es reconocer en el otro una parte de ti (no al contrario), que en él estás tú y que, por ello, tras conocerle empieza a formar parte de lo que tú eres. Esa FRATERNIDAD, el encuentro, ha marcado todo el viaje sin que yo me diera cuenta.
¡Cuántas realidades distintas! Compartir los días con inmigrantes subsaharianos, con marroquíes en diferentes ámbitos, con misioneros asentados en Marruecos en diferentes proyectos… y frente a todos ellos éramos el rostro de la misión, sin necesidad de hablar de Dios. Hemos sido testigos de muchos testimonios, hemos palpado la frustración y nuestra debilidad, hemos compartido entre nosotros (Teresa, Diego, Javier, Jorge, Rocío, Ivanildo, Rolando, Fernando, Manoli y yo) momentos duros y otros de gran alegría y esperanza. Ha sido un regalo enorme.
Y lo segundo que experimenté durante la oración fue la reafirmación de dos frases que han ido marcando mi vida y especialmente los dos últimos años: El Señor da la comida a SU tiempo y Jesús nos antecede en todo. Fuera cual fuese la idea que tenía sobre lo que iba a vivir durante la misión, lo que me iba a aportar, estaba incompleta (siempre suele estarlo), incluso cuando estás en mitad de la experiencia te falta algo que descubrir y solo seremos conscientes a SU tiempo, teniéndole presente a Él.
De vuelta en Madrid me siento muy afortunada. Agradezco a los Misioneros Javieranos y las Franciscanas Misioneras de María haberme invitado a formar parte de esta experiencia de misión y sobre todo haber escuchado y tomado en serio nuestras inquietudes. Ahora queda la esperanza de poder dar continuidad a lo vivido y no hacerlo sola, sino poniendo mi confianza en el Señor.
Marta Docavo Pedraza – Madrid



14/8/19

Señor, me dejo conducir por ti


El 7 de julio iba de camino al aeropuerto con mi amiga Marta, mis padres y Manoli (Franciscana misionera de María). Allí nos esperaba un grupo de jóvenes y misioneros, con los que iba a compartir esta experiencia de misión que Dios ponía en mi verano. Tenía muchas ganas de empezar, pero también miedos e inquietudes. Allí entramos en 2 realidades distintas dentro de Marruecos: en Tetuán y en Midelt.
En Tetuán, el objetivo era vivir la “Fraternidad Humana”, por medio de la realidad que viven los inmigrantes y el encuentro con los musulmanes.
La situación de los inmigrantes en España no se parece a lo que viven en Marruecos, esta es mucho más dura: pasan hambre, no tienen nada, están siendo perseguidos... Cuando lo imaginaba, entendía que era una vida difícil, pero fue el momento en el que uno de ellos me dijo: “Es mi cumpleaños y no tengo nada para comer” o “me voy contigo a España y trabajo para tu padre en lo que me pida”, cuando me hice realmente consciente de su sufrimiento y de la injusticia. Además, sentí una gran impotencia, ya que sólo podía escuchar y acompañar, pero no cambiar la situación.
Durante aquellos días, yo me preguntaba dónde estaba Dios y por qué yo era tan afortunado. En cierto momento no le encontraba. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que Él sí estaba, tanto en la esperanza y fe de los inmigrantes, como en todos los religiosos y misioneros que les cuidaban. Incluso en otras realidades: no se me olvidarán los días que visitamos en Tánger la casa de las Misioneras de la Caridad, que acogen a madres sin marido y a niños abandonados. Ahí está Dios, su rostro sufriente en todos ellos, y ahí está su Iglesia, entregándose y cuidando a los más pequeños, sus preferidos.
15 días más tarde, bajamos a Midelt, una ciudad al pie de la cordillera del Atlas. Allí hemos compartido muchos momentos con familias marroquíes. Durante todo el mes, nos han acogido y tratado como miembros de sus familias. Que personas que no nos conocían, siendo nosotros extranjeros, nos invitaran a té en sus salones, junto a toda la familia, era algo muy bonito y rompió nuestros esquemas.
3 días más tarde, subimos a Tatiouine, un pueblo bereber en la montaña. Esa misma noche, nos invitaron a cenar “tayín” de pollo. Fue un detalle precioso, porque no les sobra el dinero y en cambio, nos ofrecieron una comida exquisita. Doy gracias a Dios por su humanidad y su acogida, que muchas veces tanto nos falta.
En Tatiouine hemos vivido realmente la misión junto con las Franciscanas Misioneras de María,  compartiendo también sus momentos de oración en su humilde capilla. Jesús estaba en el centro: Él era la fuente de donde sacábamos las fuerzas. Durante el día, éramos los animadores del campamento junto con otros marroquíes, pero nuestro papel no era más que ser presencia y estar a disposición de los demás monitores. Esto ha sido difícil para mí en los primeros momentos, pero me ha ayudado a descubrir que muchas veces los misioneros son la presencia de Dios en los lugares donde parece que no está.
Durante todo el mes, he podido ver a Dios de manera muy fuerte en las personas del grupo, en los momentos de compartir, en los misioneros y su entrega… Por ejemplo, en misioneras como Marie se puede ver claramente el paso de Dios: ella se ha fiado de Dios y vive con plenitud, entregándole todo lo que tiene (con 91 años y el brazo escayolado), subiendo la montaña, siempre con una sonrisa y dando gracias a Dios.
Finalmente, hemos tenido la suerte de terminar con 4 días de ejercicios espirituales ignacianos. 
Me han ayudado a conocerme más y conocer más a Dios, ver su paso en toda mi vida y confirmarme en mi camino misionero. No todos los momentos han sido fáciles, pero Dios ha estado presente este mes y le doy gracias por seguir acompañándome incluso cuando no le siento. Le doy gracias también por todas las personas que ha puesto en mi camino durante toda la experiencia, que me han llevado a Él. Sin duda, merece la pena fiarse de Dios y dejarse conducir por Él.

Javier Contreras Mora -Madrid














8/8/19

Fraternidad Humana


Fraternidad humana
Es en la experiencia donde muchas veces se encuentra respuestas a nuestras búsquedas. Y así fue. Ensanchar el corazón y dar cariño al migrante fueron parte de esas respuestas, las cuales fueron haciéndose vida allí en Tetuán (Marruecos) junto a ellos. Muchos rostros y nombres concretos, migrantes (subsaharianos) y no migrantes. Dios sin duda allí me llevó, a una nueva experiencia de misión, donde el dar y el recibir, caminan de la mano, haciendo así  posible una fraternidad humana.
Vivir esos días en y desde esa fraternidad fue lo que en todo momento me dio esperanza y grandes alegrías. Por momentos no fue fácil palpar nuevamente tan de cerca la injusticia y sentirme impotente ante esta realidad migrante. Pero también es cierto que una sonrisa, un abrazo, una palabra de aliento, pueden ser, y de hecho lo son, esos motores que te ayudan a continuar buscando siempre elevar su dignidad.
Tanto las clases de español, como los talleres de manualidades, los juegos o el hecho de estar y compartir, allí en el centro de acogida para migrantes, que tienen los Hermanos Franciscanos y que lo llevan adelante una Comunidad Intercongregacional de tres hermanas, fue un gran regalo: compartir sus alegrías y tristezas, percibir la incertidumbre, algunos de sus miedos, como también su valentía y perseverancia, escucharlos, conocer sus historias, dar y recibir cariño, ver su interés y esfuerzo por aprender y salir adelante… Dios allí estaba, en cada uno de sus rostros.
La experiencia de Tetuán además de seguir acercándome a la realidad migrante, me ha ayudado a seguir descubriendo esa riqueza que tiene la unidad en la diversidad, y ello gracias al poder estar en un país de religión musulmana, compartiendo y conociendo no solo dicha religión sino personas que me han hecho comprender y sentir que Dios siempre se hace presente y que su amor no tiene límites ni fronteras.
Siento que es precisamente este amor el que nos invita a entregarnos, a darnos por y para los demás, desde lo pequeño y sencillo. Por ello, conocer también la acción de la Iglesia allí en Marruecos, pero especialmente conocer a personas que desde ese amor se entregan y comprometen en esa realidad concreta, me lleva a agradecer por tantas y tantas personas que son creadoras de puentes y buscan un mundo más justo y más humano.
Agradezco a Dios por llenar mi vida de experiencias y aventuras que me llevan a seguir descubriendo su cercanía, ternura y amor; le agradezco también por las personas que siguen haciendo esto posible, los Misioneros Javerianos y las Franciscanas Misioneras de María; y finalmente quiero agradecer a Dios por haber compartido esta experiencia de misión con ellos: Rolando, Fernando, Ivanildo, Manoli, Marta, Diego, Teresa, Javi y Jorge. Mil gracias por haber hecho de esta experiencia una verdadera fraternidad humana.
Rocío Belén Pedroso – Misionera Cruzada de la Iglesia - Madrid