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31/12/17

Campos de Trabajo con Inmigrantes Ceuta Verano 2018

Campos de Trabajo con Inmigrantes en Ceuta Verano 2018
“Descubrir al otro y conocer sus valores”

“El inmigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto. Yo soy el Señor vuestro Dios” (Lv 19,34)


OBJETIVOS
Queremos vivir la fraternidad con nuestros hermanos y hermanas inmigrantes y ensanchar nuestro corazón a otras realidades, creciendo y formándonos como grupo de fe.
Abrazar con nuestras vidas, como Jesús, la fragilidad y vulnerabilidad del inmigrante que sufre la indiferencia del distanciamiento de nuestros corazones.
Acercamiento a otras religiones con el deseo de crear puentes y estrechar lazos.

¿PARA QUIÉN?
Personas con deseo de vivir el encuentro con el otro, de otra cultura, lengua y religión, que tengan motivaciones de fe y/o deseo de crecer en ellas, para acercarse a estas realidades de misión desde un espíritu cristiano.
No se requiere tiempo de formación previa pero se requiere disponibilidad en el trabajo y aceptación en las indicaciones que se tomaran durante el campo.

¿EN QUÉ CONSISTE EL CAMPO DE TRABAJO
Son unos días para dedicarnos al servicio y a la reflexión. Además es una buena oportunidad para conocer gente nueva.
Por las Mañanas, actividades con los jóvenes inmigrantes en el Centro San Antonio (Centro para Inmigrantes de la Iglesia de Ceuta) y también en el CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes). Se trabaja dando clases de alfabetización funcional, haciendo manualidades, informática y organización de juegos y dinámicas.
Por las tardes, intercambio entre nosotros y reflexión sobre nuestras vidas al contacto con los demás, confrontándonos con la Palabra de Dios.

Y TAMBIÉN
Crear el ambiente propicio para la oración y el encuentro
Nadie puede amar al que no conoce, y por ello abrirse al otro para conocerlo
Encuentro con la comunidad cristiana de Ceuta en la Eucaristía con los inmigrantes, en el Santuario de Nuestra Señora de África
Encuentro con otras realidades religiosas y culturales de la ciudad (Judaísmo, Islam, Hinduismo).
Fin de semana con los franciscanos de la Parroquia Ntra. Sra. de la Victorias de Tetuán (Marruecos) para ver y conocer lo que hace la Iglesia en un país musulmán.
Si es posible haremos algún encuentro de oración con los inmigrantes a partir de sus experiencias religiosas.

FECHAS
1º Campo –  del 14 al 28 de julio 2018
2º Campo  – del 12 al 25 de agosto 2018

EDAD
Estos campos  reagrupan a jóvenes de 18 a 35 años y se realizan en colaboración  Franciscanas Misionera de María y Misioneros Javerianos

¿QUÉ LLEVAR?
Ropa de verano, utensilios de aseo, toallas, saco dormir o sábanas.
Además Biblia, cuadernos, bolígrafo, cartilla o tarjeta de Seguridad Social, pasaporte para ir a Marruecos
Si sabes tocar algún instrumento musical, no olvides llevártelo
PRECIOS
El precio no incluye el viaje hasta el puerto de Algeciras (este correrá por cada persona)
Toda la estancia a partir de Algeciras puerto, será de 250.00 euros incluyendo:
-          Ida y vuelta en ferry Algeciras-Ceuta-Algeciras
-          Estancia y comida en Ceuta
-          Viaje, estancia y comida en Marruecos
Si vienes en tren existe un descuento entre RENFE y BALEARIA (Tren-Ferry) Para ello es importante informarse y sacar los billetes con dos meses de antelación.

¿EN DÓNDE?
El Centro de Inmigrantes San Antonio de Ceuta está gestionado por la Asociación Cardjin y el Secretariado Diocesano de Migraciones de la Diócesis de Cádiz y Ceuta.

PARA MÁS INFORMACIÓN

Franciscanas Misioneras de María
Manoli García Sánchez, fmm

Misioneros Javerianos
Comunidad de Carabanchel (Madrid)
Contactar con Rolando Ruiz Durán, sx
c/ Ntra. Sra. de la Luz, 40 bis / 28025 Madrid

1/3/16

Dios siempre te sorprende... Marruecos

CADA VERANO, CIENTOS DE JÓVENES ESPAÑOLES APROVECHAN SUS VACACIONES PARA VIAJAR A UN PAÍS DE MISIÓN Y COLABORAR CON NUESTROS MISIONEROS EN SU TRABAJO DE EVANGELIZACIÓN Y PROMOCIÓN HUMANA. AQUÍ ESTÁ EL TESTIMONIO DE FERNANDO LUQUE, JOVEN SEMINARISTA DE LA DIÓCESIS DE MÁLAGA QUE HA ESTADO EN MARRUECOS.
Este mes de agosto, un grupo de jóvenes locos fuimos al sur de Marruecos, a la aldea de Tattiouine, junto al Atlas. El más loco de todos era Rolando, misionero javierano, seguido por Manoli, misionera franciscana de María, Almudena, estudiante de enfermería, Silvia, estudiante de magisterio, Manuel y yo Fernando, seminaristas de Málaga. A mí, personalmente, me movía el tener una experiencia de misión junto a los misioneros de aquel lugar. Y Dios siempre te sorprende…
Camino a la aldea, perdida en aquellas montañas, se hacía cada vez más dramática la realidad; casas de adobe medio derruidas, ropas viejas tendidas, rostros gastados por el sol y la pobreza… entonces fue cuando me pregunté: ¿Dónde me he metido? ¿Qué estaré haciendo aquí? y al mismo tiempo el lugar era fascinante; aquellas montañas imponentes, esos cultivos junto al rio, ese cielo azul intenso, me hacían comprender que en medio de tanta pequeñez y pobreza, algo grande y muy bello estaba por descubrir.
Pronto me di cuenta de aquel lugar, pequeño y sencillo, era tan parecido a la tierra de Jesús. Me lo imaginaba por aquellas aldeas y casas, caminando, charlando, enseñando en esos montes, cenando con los vecinos, bajando al río, sanando, curando, acercando a Dios al mundo. Me fijé también en el rostro de esos niños con los que tuvimos una colonia de verano, esas miradas y sonrisas que te agradecían un pequeño gesto, que te daban un abrazo lleno de suciedad y cariño, esos zapatos viejos dispuestos a conocer y aprender más, esos ojos que soñaban con vivir intensamente… como no comprender que fueran los preferidos de Jesús, pequeños y pobres, amables e inocentes; son los hijos de Dios.
Tengo también muy grabado en el corazón, el rostro de esas dos mujeres de Dios misioneras; Bárbara y Marie. Los 87 años de Marie y la actividad de Bárbara las hacía únicas. Me preguntaba que les hacía vivir así, en medio de la nada, sin comodidades, sin tiempo para ellas, olvidadas totalmente de ellas mismas y viviendo radicalmente entregadas y pobres para los demás. La respuesta estaba en una habitación pequeñita de su pobre casa de adobe y paja, en esa entrañable capillita que con tanto gusto y cuidado tenían. Esa alfombra de colores hechas por los vecinos en agradecimiento por su labor en el dispensario, el nombre de Dios “Allah” (Alá) escrito en la pared, la imagen de María berber hecho por ellas mismas, y en el centro, el sagrario. Nos contaron que las mujeres berber tienen un tesoro, cada una lo guarda escondido y es su joya más preciada. Ellas, en cambio, no tenían joyas para sí, su joya era Jesús en el sagrario, y juntas habían podido hacer una pequeña custodia para Él.
Ahora se comprende todo… Jesús es su tesoro y el centro de su vida. Cuánto amor en medio de tanta pobreza, lo único realmente valioso, para Jesús. Allí reposaban los anhelos y desgracias del pueblo, allí pedían esas grandes mujeres, allí pedían y pedían a Dios. Allí se consolaban por Dios, allí reían de alegría tantas veces y allí, como no, lloraban al ver tanto sufrimiento y pobreza. Allí su vida se llenaba de sentido. No olvidaré nunca la oración profunda que esas dos mujeres elevaban a Dios desgastando sus vidas en aquella aldea perdida de África.
Finalmente, me quedo con la gran suerte que ha sido conocer mejor el islam. Vivir y convivir con musulmanes, conocer sus costumbres, sus gestos, sus sonrisas, y por supuesto su fe, grande y firme ante Dios. Hombres y mujeres que tenían siempre a “Allah” (Alá) en la boca, que rezaban durante el día y que tenían tanto respeto por la fe cristiana. Hemos compartido techo y pan con ellos, hospitalidad y agradecimiento, y sin duda nos hemos ayudado juntos a hacer más felices a esos niños. ¡Compartimos tanto cristianos y musulmanes!, es tan posible crear juntos un mundo con valores y cerca de Dios, cada uno podemos hacerlo en el rincón del mundo donde nos ha tocado vivir.
Sin duda África no te deja indiferente, le doy gracias a Dios por haber tenido esta gran experiencia de pobreza, de misión y de convivencia con el islam. Gracias por despertar en mí un corazón misionero, un corazón abierto a culturas, pueblos y credos. Un corazón agradecido por los pequeños detalles y gestos de cada día. Gracias, Señor, por encontrarte en África.
Fernando Luque Varo
Seminarista de la Diócesis de Málaga


Sacado de la Revista Súper Gesto, no. 124 Marzo-Abril 2016, páginas 34-35


19/11/15

Almudena nos habla de Ceuta y Marruecos

Escaparate dice: Almudena Sánchez ha estado este verano en Ceuta y Marruecos (Entrevista de la Revista Súper Gesto)
Almudena Sánchez Sánchez, es una joven enfermera de Madrid (tiene 23 años), que vive, alimenta y hace crecer su fe en la parroquia San Miguel Arcángel  de Carabanchel. Esta parroquia tiene varias actividades con jóvenes, entre ellas la Comunidad Oracional, rezan laúdes todos los días. Los jóvenes están comprometidos también con la catequesis y el apoyo escolar para hijos de inmigrantes. Dentro de sus actividades de evangelización viven el Anuncio en el verano y algunos fines de semana que salen a la calle y hablan de Dios -u ofrecen una oración- a los chicos que se encuentran. Por supuesto, no pueden olvidar la dimensión de la Misión Ad Gentes, es decir el anuncio de Cristo a aquéllos que aún no le conocen fuera de España.  De aquí que Almudena se haya trasladado este Verano a Ceuta y Marruecos. Almudena lleva 4 años consecutivos viviendo un Campo de Trabajo de inmigrantes en Ceuta, acompañada por las Franciscanas Misioneras de María y los Misioneros Javerianos. Este verano ha pasado a formar parte del equipo de organización del Campo y además ha vivido una preciosa experiencia en Marruecos: una semana en Tattiouine, en las montañas del Alto Atlas con los niños bereberes y una semana en el Monasterio de Notre Dame de l’Atlas en Midelt, con los hermanos cistercienses. Ahí ha conocido a Jean-Pierre Schumacher, el superviviente de la película “de dioses y hombres”, sobre de los monjes de Tibhirine.
¿Qué tal te ha ido este verano?
Este verano ha sido el cuarto año que he participado de la experiencia del Campo de trabajo con inmigrantes de Ceuta, tengo que decir que al principio me surgieron muchas dudas sobre si ir o no: ¿no estaría corriendo el riesgo de agotar y quemar la experiencia? , ¿De verdad era lo mejor para mí?.... La otra experiencia, la de Marruecos me asustaba un poco. ¡Era algo completamente nuevo! A esto se añadía que las peregrinaciones que se iban a hacer en mi parroquia y que coincidían en fechas me gustaban mucho… Pero el Señor quería que me fiara y que fuera a Ceuta y a Marruecos, que como Pedro echara las redes, allí estaba esperando y ahora que ya ha pasado, siento que… ¡las redes revientan!
¿Qué te ha marcado del Campo de Trabajo con Inmigrantes en Ceuta?
Ceuta ha sido una experiencia de hermandad muy bonita entre nosotros y con los chicos. De este año destaco sobre todo la humildad de muchos de ellos, las ganas de aprender español, de saber, su gratitud, la necesidad de sentirse amigos, acogidos, queridos, mirados por nosotros… Creo que este año ha sido el que me he sentido más como si estuviera con amigos, sin poner la barrera de sus duras historias entre medias, simplemente disfrutando de estar con ellos, jugar, hablar, reír, sonreír, de hacer manualidades, enseñarles vocabulario… De ellos, cada año me llevo sus ganas de vivir, de luchar, su alegría, pero sobre todo su fe, esa fe con la que ven en toda su historia y su camino a Dios, con la que agradecen todo lo que Dios les ha ayudado y esa fe con la que esperan, esperan su salida, encontrar trabajo, familia…..siempre… ¡Inshala! (¡si Dios quiere!).
¿Qué dirías de lo vivido con los niños bereberes en el Alto Atlas Marroquí?
La experiencia en Tattiouine se ha complementado mucho con la de Ceuta, la acogida de la gente, el ritmo de vida tan distinto en el que dan tanta importancia al estar, a la acogida, al vivir lo que se hace en cada momento…La alegría de los niños, el agradecimiento, su inocencia, su energía…Ver a las hermanas tan entregadas al Señor, a la misión y a la vida de Tattiouine siendo ellas como unas más, viviendo con ellos, como ellos.
¿Destacarías algo?
Toda la experiencia ha sido un auténtico regalazo pero destaco el poder celebrar la Eucaristía en la capillita de la casa de las hermanas, pensar que el Señor estaba ahí presente en medio de las montañas tan pequeño en la custodia y en una capilla tan pequeña. Para mí también ha sido una experiencia de humildad, de sentirme pequeña al no estar en mi cultura, mi fe, el idioma. No poder comunicarte con los demás como te gustaría, no poder expresar con palabras todo lo que sientes….te hace sentir muy pequeñita pero también descubres que es el lenguaje del amor, llevar dentro a Dios, el que mejor se entiende, las miradas, sonrisas, cosquillas, juegos, apretones de manos, saludos, los intentos por hablar alguna palabra en berebere, expresan mucho. Aquí es donde siento que se complementa con lo vivido en Ceuta, ahora era yo la que no entendía el idioma, la que no conocía las costumbres, la que no podía expresar todo lo que quería, la que intentaba aprender alguna palabra, la que era acogida….Esto me ha hecho valorar todavía más a los inmigrantes con los que estuvimos.

¿La Iglesia en Marruecos te ha enseñado algo?
La figura de María, ha tenido mucha importancia durante nuestra experiencia, ha estado muy presente, gracias a ella los musulmanes y cristianos nos unimos, compartimos alguien a quien rezar. Además es María la que inspira el encuentro y el carisma de la Iglesia en estos países como la imagen de la Visitación de María a su prima Isabel. Yo lo entiendo como que, llenos de Jesús y del amor de Dios, para lo que uno tiene que tener a Dios como el primero y nutrirse mucho en la Eucaristía, oración personal y comunitaria, sin esto lo demás es imposible, se acerca al hermano y transmite todo lo que lleva dentro, esa otra persona nota algo especial, ve a Dios en nuestra forma de actuar, de sonreír, de estar, de hablar, y le lleva a preguntarse a cuestionarse. Allí en Marruecos es así porque no se puede evangelizar de otra manera que no sea esa, aquí esto nos puede ayudar a evangelizar también, puede ser la entrada a conversaciones mucho más profundas que lleven a que la otra persona se encuentre con Dios, ¿a quién no le llama la atención alguien que está contento o que sonríe en momentos difíciles? ¿Que trata a los otros  con cariño? ¿Que vive el trabajo o los estudios con alegría? ¿Que ayuda al compañero? ¿Y que transmite un “algo especial”?. Tengo que decir que vivir en este ambiente, aunque pueda parecer extraño, ha afianzado mucho mi fe, el conocer y vivir con otra religión hace que me sienta agradecida por ser cristiana.
¿Puedes decir que el encuentro con nuestros hermanos musulmanes te ha aportado algo?
De primeras, podemos tener la idea de que es imposible hablar de fe o hacer alguna oración con los musulmanes y es cierto que  la bases -lo que para nosotros es lo esencial de nuestra fe (Dios Padre, Jesús-Dios, Hijo de Dios)- no lo compartimos. Sí compartimos con ellos la búsqueda de Dios, el intentar tener a Dios en el centro de la vida. Ahí es donde podemos tener un encuentro con ellos. En Ceuta, este año pudimos visitar la mezquita y la persona que nos la nos la enseñaba, al hablar de su forma de rezar y de cómo sentía a Dios, me llamó mucho la atención porque yo comprendía lo que decía. Pude percibir como ese hombre buscaba y se había encontrado con Dios.
Una imagen que me ayudó mucho a entender esto, fue la que nos explicó el hermano Jean-Pierre Schumacher al hablarnos de su experiencia con los sufís. Nos dijo que imagináramos un tejado a dos aguas y arriba a Dios. Por un lado suben los musulmanes a través de su oración y esfuerzo; por otro, los cristianos siguiendo a Jesús y dándole la mano. Cada uno se acerca a Dios de manera distinta y, según nos vamos acercando a Dios también nos acercamos entre nosotros.

Tomado de la Revista Súper Gesto, número 122, noviembre-diciembre de 2015 páginas 10-13. (Editada por Obras Misionales Pontificias ver www.revistasupergesto.es)

30/6/15

Campo de trabajo en Ceuta y Marcha Javier

OMPRESS-CEUTA (29-06-15) Campo de trabajo en Cueta y Marcha Loyola-Javier con los Misioneros Javerianos
Como todos los veranos, los Misioneros Javerianos han preparado dos actividades para los jóvenes, con inquietudes misioneras, que quieran vivir un verano diferente. La primera propuesta es un acercamiento a la realidad de la inmigración en un Campo de Trabajo, en Ceuta. Invitando a derribar muros de indiferencia y egoísmo para crear un acercamiento de fraternidad con estas personas que buscan una nueva oportunidad en nuestro país.
La segunda propuesta es una Marcha Misionera desde Loyola, Guipúzcoa, a Javier, Navarra, con la que invitan a los jóvenes a abrir su corazón al mundo en contra de la globalización de la indiferencia.
Estas actividades misioneras llevan el lema: “Derribando muros”, respondiendo a la invitación del Papa Francisco. “Serán unos días para dedicarlos al servicio y a la reflexión”, explican los javerianos.
Habrá 2 campos de trabajo con inmigrantes en Ceuta y en ellos participarán también jóvenes italianos y sus respectivos acompañantes de la Región Javeriana de Italia. El primero, del 18 de julio al 1 de agosto, para jóvenes a partir de 18 años y adultos. El segundo, del 1 al 14 de agosto, sólo para jóvenes de 20 a 26 años.
Durante estos días tendrán actividades con inmigrantes en el Centro San Antonio de Ceuta, encuentros con la comunidad cristiana de Ceuta en la parroquia Nuestra Señora de África, también encuentros con otras realidades religiosas y culturales, fin de semana con los franciscanos de la parroquia Nuestra Señora de las Victorias, en Tetuán, y encuentro de oración con los migrantes a partir de sus experiencias religiosas.
La marcha Loyola-Javier, que han preparado como “itinerario de fe, queriendo descubrir algunas situaciones que nos invitan a derribar muros que deshumanizan y nos alejan de Dios”, se llevará a cabo del 17 al 25 de agosto y participarán jóvenes, a partir de 17 años, de España e Italia. La marcha recorrerá caminos de Guipúzcoa y Navarra en siete etapas. Por las mañanas andarán 5 kilómetros y, por las tardes, tendrán momentos de formación, de oración y de compartir.
Y, por último, los misioneros javerianos también ofrecen para este verano un momento de encuentro con la misión y retiro “en la búsqueda de lo que Dios quiere de nosotros en Marruecos, concretamente en la aldea de Tattiouine y en el Monasterio Nuestra Señora del Atlas en Midelt; monasterio al que llegaron los monjes de Tibhirine, en Argelia. Allí nos espera el Señor”, informan.

Fuentes: OMPRESS CEUTA

22/6/15

Envío de Jóvenes Madrid 2015

Un año más la Delegación de Misiones de Madrid envía jóvenes para vivir el Verano Misión en diversos lugares del Mundo: cuatro Continentes África, América, Asia y Europa; diversas realidades en Bolivia, Brasil, Ceuta, Colombia, Cuba, Etiopía, India, Guatemala, Marruecos, Melilla, Perú, Portugal y República Dominicana. Se trata de 243 jóvenes con sus acompañantes invitados por la Palabra de Dios “vamos a la otra orilla” con Jesús. Así lo ha señalado en su homilía Don Carlos Aguilar Grande, vicario episcopal de Evangelización que ha presidido la Eucaristía y que partiendo de la pregunta a quiénes iban por primera vez, se detenía en el miedo que se experimenta al ir a lo desconocido. También los discípulos tuvieron miedo advirtiendo las olas que golpeaban la barca en dónde Jesús dormía y aparentemente no sabía lo que ellos vivían. Es en su nombre que salimos, es su confianza que nos lleva y anima.
11 Instituciones misioneras, colegios, universidades, parroquias y movimientos: Asociación Solidaria Universitaria, Campos Misioneros de Trabajo, Cursillos de Cristiandad,  Fundación Manuel María Vicuña (Religiosas de María Inmaculada), Jóvenes para la Misión (Delegación Episcopal de Misiones), Parroquias de San Germán y Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Franciscanas Misioneras de María y Misioneros Javerianos, Padres Franciscanos y Regnum Christi. Todos ellos en comunión con la Iglesia Diocesana de Madrid viven este envío sintiéndose parte de la tarea misionera y evangelizadora a la cual se sienten muy estrechamente unidos.
La Delegación de Misiones de Madrid ha terminado el cursillo preparatorio 2015 para ir a vivir el verano con los misioneros. José María Calderón que está a cargo de la Delegación de Misiones invita siempre a todas las Instituciones a unirse a estos cursillos y a este envío para dar mayor sentido a la fe y motivaciones que llevan a muchos jóvenes a ser generosos con su tiempo de vacaciones y compartirlo con otros muchos hermanos que nos esperan en diferentes lugares.

Al final de la Misa se impone el crucifijo previamente bendecido y se envía a los jóvenes para vivir desde su intimidad con Cristo y deseo de crecer en la fe este tiempo dedicado a la misión fuera de la Iglesia de Madrid y en su nombre.

Rolando Ruiz Durán sx




10/9/14

Ojos, oídos y corazón

Los sentimientos que me quedan después de llevar apenas 3 días en España es de ALEGRÍA y GRATITUD. Si, me siento feliz por haber podido compartir la vida diaria y la rutina durante cinco semanas con todas aquellas personas que Dios ha puesto en mi camino. Hablo del Hogar Clínica San Rafael, hogar de ancianos situado en La Habana y que dirigen los Hnos. de San Juan de Dios. Junto a otros tres compañeros de viaje, emprendí esta “aventura”, con los ojos y los oídos abiertos a las necesidades que hubiese y a lo que pudiese aparecer… Y apareció…a parte de pasar momentos con los ancianos del Hogar,  surgió la necesidad junto a las Hermanas de la Caridad de Sta. Ana que colaboran de forma activa en el Hogar de crear una pequeña “Escuela de Verano” con los hijos de los trabajadores y los ”niños de Pogolotti” (barrio con muy bajos recursos próximo al Hogar). Son muchos los sentimientos contradictorios que se agolpaban al trabajar con estos muchachos: incomprensión, impotencia… compasión, cariño… Pero cuando por fin conocí el barrio desde dentro, desde sus mismas casas y desde sus familias, los sentimientos cambiaron y fueron de gozo y alegría por tener esa gran oportunidad de descubrir a Dios en medio de cada uno de ellos, en sus rostros, en esas casas de madera o chapa… y de cómo era Él el que nos daba fuerza a continuar el trabajo con ellos, a intentar que fuera un verano diferente, que se sintiesen esperados y queridos cada día. He vuelto no solo con los ojos y los oídos más abiertos, también con el corazón de par en par y lleno de cariño recibido.

Elena Pérez
Delegación de Misiones de Sigüenza-Guadalajara

8/9/14

Una ilusión, un camino, una vivencia inolvidable...

En el Instituto Psicopedagógico de los Hermanos de San Juan de Dios, en Sucre (Bolivia) este verano he conocido muchos héroes anónimos, niños y niñas de 1 a 18 años, esos ángeles de la tierra (como les llaman algunos de los trabajadores del centro) que cada uno con su historia, su pequeña vida, dejan huella a todo el que pasa por el centro. Son un modelo a seguir, ya que, viven la vida como un regalo de Dios, disfrutando cada día, cada momento aun cuando su vida está llena de algunas dificultades. Me han enseñado y me han demostrado,  con sus actitudes positivas,  que cada persona tenemos la capacidad de ser felices, si reaccionamos con actitudes positivas ante la realidad o circunstancias que nos toquen vivir.
Nuestros chicos del Psico son felices cada día, a pesar de sus limitaciones, discapacidades cognitivas, físicas, carencias afectivas,….  He sentido y vivido con ellos su felicidad en las actividades cotidianas, compartiendo las pequeñas cosas del día a día, haciendo de las cosas sencillas algo especial e irrepetible. Sus gestos, a veces,  algunas palabras  transmitían esa felicidad cuando, por ejemplo, tarareábamos una canción juntos o al dirigirles unas palabras cariñosas, al darles la comida, cuando les ayudaba a caminar o bajar por el tobogán, en los ratos de juego o cuando se cruzaban nuestras miradas me regalaban sus grandes sonrisas que iluminaban sus caras… Todas las mañanas era muy agradable levantarse temprano y saber que  al vernos entrar por la puerta se sentirían felices y contentos de que volviésemos, siendo un sentimiento recíproco el de todo el equipo.
Desde el primer día nos robaron el corazón y de alguna forma lo agrandaron queriéndonos y dejándose querer con ese amor sincero y gratuito de niños ¡Qué fácil es ser feliz con lo cotidiano! ¡Qué fácil es ser feliz con poner un poco de amor a nuestro alrededor!
También hemos sido muy bien acogidos  por los Hermanos de San Juan de Dios  y por los trabajadores del centro, sintiéndonos como en casa y formando parte de una gran familia y equipo, desde el primer día al último, ya que, nos hicieron participes de su proyecto educativo y asistencial, permitiéndonos colaborar, dándonos su confianza e integrándonos en sus vidas y en las distintas unidades de pediatría,  psiquiatría infantil, escuela, algunas sesiones de fisioterapia...El objetivo fundamental y el eje central que mueve todo son los niños, haciéndonos saber que lo más importante que podíamos hacer durante nuestro voluntariado en el Psico  era querer a los niños y disfrutar con ellos.
Admiro a todos estos grandes trabajadores del centro,  con los que he compartido este mes por todo lo que he aprendido de ellos. Con su labor diaria participan en hacer un mundo mejor y más justo.
Agradezco  que en su día a día hagan realidad, en su convivencia, los valores que les caracterizan: su gran humanidad, hospitalidad, calidez, amor y respeto a todas las personas que pasan o viven allí, haciendo la vida  más fácil a todos estos niños que tienen muchas dificultades, creyendo en sus capacidades y en sus pequeños avances. Además, crean un ambiente familiar y un clima afectivo positivo con los niños que no tienen familia, algo tan importante y necesario para que pueda producirse su desarrollo evolutivo y personal.
Finalmente decir que esta experiencia ha sido tan positiva gracias al apoyo, ilusión, confianza y cariño del gran equipo: Hermano Luis, Víctor mago, Víctor fotógrafo y Aitzi con los que he compartido esta vivencia inolvidable de humanidad y fe, que nos ha unido  y  enriquecido personal y espiritualmente. Ahora toca continuar nuestro camino con ilusión y sin olvidar que cada uno de nosotros, los de aquí y los de allá, podemos aportar nuestro granito de arena para hacer un mundo mejor cada día.
Asun Parra Cabellos
Delegación de Misiones de Sigüenza-Guadalajara

6/9/14

instrumentos en las manos de Dios para llevar a los demás Su Amor

Me llamo Manuel, tengo 19 años y soy seminarista de la diócesis de Alcalá de Henares. Durante este verano he podido compartir mi primera experiencia de misión en Ceuta con un grupo de 10 jóvenes, de más o menos mi misma edad, acompañados de un sacerdote javeriano y una religiosa franciscana misionera de María.
He podido experimentar lo que dice el Evangelio: “Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme.” (Mt 25,35-36), lo he experimentado viendo a Dios en el inmigrante y pudiendo llevar el amor de Cristo con mi propia vida a estas personas.
De esta experiencia me tocó muchísimo, que en su gran mayoría, los inmigrantes con los que he podido estar eran más o menos de mi edad, muchos de ellos incluso más pequeños que yo y que ya han vivido la tremenda situación de tener que dejar su casa, sus tierras, sus amigos, sus familias… para venir a Europa con la esperanza de poder vivir un poco mejor. Y, después de todo el trayecto tan duro que han recorrido, jugándose en infinidad de veces la vida, no perdían la sonrisa de la boca, la alegría y el agradecimiento por todo lo que hacías por ellos.
La mayor parte de los inmigrantes con los que estábamos eran de confesión musulmana, y de esta convivencia y de todo lo anteriormente descrito, he descubierto una nueva faceta de la realidad misionera de la Iglesia. Y es que yo, cuando he salido a evangelizar por las calles de Alcalá, ciudad en la que resido, con algún grupo de primer anuncio, llevábamos a Cristo anunciando el Kerygma: <<Jesucristo ha muerto y ha resucitado por ti, porque te ama>>; mientras que aquí en Ceuta, llevábamos a Cristo de una manera distinta para mí, con el testimonio de vida, haciendo de nuestra vida un reflejo de Cristo, siendo instrumentos en las manos de Dios para llevar a los demás Su Amor.
También tuve la suerte de convivir unos días con la comunidad de Franciscanos que están en Tetuán (Marruecos) donde pude ver a Dios en los dos hermanos que quedan, en su perseverancia al anunciar la Palabra de Dios en medio del pueblo musulmán con su testimonio de vida y volviendo a redescubrir lo que anteriormente he comentado sobre esta faceta de la misión: la importancia del testimonio de vida en cada momento del día a día, haciendo presente a Cristo con nuestra propia vida.
Manuel Hinojosa García
Seminario Mayor de la Inmaculada y de los Santos Justo y Pastor
Diócesis de Alcalá de Henares



4/9/14

¿No sabías que el Señor nunca duerme?

¿No sabías que el Señor nunca duerme?
Siempre, me he sentido una privilegiada de Dios y cuando surge la conversación, siempre digo: “A vosotros, os querrá el Señor, pero como a mí, nunca”. Y así, sigo pensando, cada encuentro, cada retiro en los que el Señor,  ha querido que esté, ha sido grandioso y no menos, este campo de trabajo de inmigrantes en Ceuta en el Centro San Antonio de atención a inmigrantes de Ceuta y una visita a los franciscanos de Tetuán.
Días muy bonitos y a la vez, muy duros, en los que me he sentido muy amada y a la vez, muy impotente, he sentido la impotencia que tuvo que sentir María ante su hijo en la cruz, impotencia de no poder ayudar más a nuestros hermanos inmigrantes, cuando me contaban sus pericias hasta llegar al CETI (Centro Estancia Temporal de Inmigrantes), situaciones todas ellas muy duras para nuestros oídos. Y aun así, sentir la presencia de Dios en cada relato, en la esperanza de cada rostro, en la ilusión de su caminar, pero con esa fe, que derriba vallas. Uno de mis hermanos del CETI, cuando le expuse mis miedos a la noche en patera, me contestó: “¿No sabías que Él nunca duerme?” ¡Que fe, Dios mío! Esa es la fe que yo quiero para mí. Una fe llena, sin reservas, una fe en Dios, que a simple vista se encuentra en la oscuridad, pero que nunca está ausente sino presente...he de decir, que desde ese día se la pido para mí y los que me rodean.
Qué grandes lecciones de fe, me han dado mis hermanos del CETI, cuánto amor me han dado y cuánto he disfrutado de ello.
Siempre digo a mis chicos y chicas de catequesis, que hay que conocer a Cristo, porque una vez que lo conoces, es imposible no amarlo y una vez que lo amas, es imposible no seguirlo, como dice una canción religiosa, y es verdad, “cuando lo hacemos, nuestra vida se complica, pero se complica maravillosamente y descubrimos el rostro de Dios en el otro, en el que sufre y en el que no, pero el rostro de Cristo”.
Cuando Gigi, el misionero javeriano, me ofreció irme a compartir con mis hermanos del CETI, tuve por un lado, mis lamentaciones internas, ya que en el centro de San Antonio, me sentía completamente llena de Dios y sobretodo amada por los adolescentes marroquíes y subsaharianos que allí acudían a aprender castellano e informática y por otro lado, inseguridades, ya que no sabía muy bien, que quería el Señor de mí allí en el CETI, con el convencimiento de que sólo podría dar amor, me dejé en manos del Señor y le dije: “Tú me has metido en ésta,  tú me sacas” Pero una vez más y como a mí, es a quien Dios más quiere del mundo, Él me daba otro regalo, enseñanzas de fe y amor y me la daba a través de una gran familia, unos niños adorables, unas madres admirables y entregadas a sus bebes, nunca olvidaré, como los bañaban como si fueran cacerolas, como nos sonreían cuando nos veían llegar y qué duras eran las despedidas diarias, llenas de abrazos y lloros, jóvenes , llenos de esperanzas e ilusiones.
He hecho amigos, he hecho familia mucha y muy buena, en el centro de San Antonio, en el CETI, en Tetuán, donde en la eucaristía del domingo, el Señor, nos daba otro regalo, una familia de Camerún, cuyos nombres eran todos españoles, Miguel, Esteban, Sebastián, Raúl. …quizás por el agradecimiento a la labor de tantos misioneros....no lo sé,  pero extrañaba que tuvieran esos nombres. Nunca los olvidaré, forman parte de mí y siempre los llevaré en el corazón. He de decir, que gracias a las redes sociales, sigo en contacto con casi todos ellos y me da un "subidón" cuando las madres me envían fotos de los peques, o simplemente, me preguntan cómo estoy.
No podría olvidar, hablar brevemente de los componentes del campo de trabajo, súper variopinto, desde mi padre con 83 años, lo cual fue una gozada disfrutar en este aspecto con él, ver lo que lo querían los chicos del CETI, como sin tener conocimientos de francés, inglés o árabe, era él que más alumnos tenía en sus clases de Geografía. Mis adolescentes hijas, verlas implicadas en el proyecto, como iban cambiando sus teorías ante la vida e iban formando su camino junto a Cristo, mi querida Tere de Madrid, qué profundidad espiritual , como Toni y Juanmi, silenciosos , pero con unos corazones  tan grandes que eran dignos de admirar y con tanta implicación en Cristo. Mariajo, ejemplo de paciencia, capaz de quitarle al santo Job los méritos. Morgana, la más peque del grupo con 10 años, incansable, ejemplo de diversión y amor. María, de Sanse, de 21 años, que no tenía bastante con “este de Campo de Trabajo” y se fue antes, para ir a otro. Irazú, cuanta sencillez y disponibilidad he encontrado en ella. Mis queridos Gigi y Paulino, misioneros javerianos, de todos he aprendido y mucho. Hemos reído y mucho, hemos reflexionado y mucho y eso me hace llegar a la misma reflexión primera del relato: ¿Soy o no, una privilegiada de Dios? Por supuesto. Él me ama y me ama como soy, con mis debilidades, mis miserias, porque Él es misericordioso.
Begoña Jurado Guadix
Delegada parroquial de misiones de Alcaracejos
Vicaría de la Sierra de Córdoba

30/8/14

Mi Experiencia en Bongor (Chad, África)

¿Por qué Bongor? ¿Por qué una experiencia misionera en verano?
Yo ya tenía mis planes para el mes de julio (una semana en Segovia haciendo la Cátedra de misionología y otra en Valladolid en el encuentro de Nueva Evangelización), pero los planes del Señor eran otros, y él pensó que sería mejor  que estudiara menos y practicara más. Ha sido Él quien ha querido que yo este verano conociera la “misión”, de cerca y en primera persona.
En abril, como parte de mi trabajo, acompañé a una chica a un encuentro que organizaba la delegación de misiones de Madrid para aquellos que querían tener una experiencia misionera en verano, y sin saber cómo (porque ni hablo francés, ni tenía el dinero, ni tenía las vacaciones) yo me vine con el billete de Bongor y ella tuvo que seguir esperando.
En definitiva, he ido porque Dios me ha llevado hasta allí. La misión no es una iniciativa nuestra sino de Dios. No es un capricho, ni una forma de pasar el tiempo, el verano. Es algo que Dios nos pide para un mayor crecimiento personal y para un servicio a la Iglesia. Es un momento de encuentro con Dios a través de los hermanos. Dios sale continuamente a nuestro encuentro, tiene sed de nosotros, y la misión es el camino que ha elegido para algunos.
En mi caso, fue mi ignorancia en geografía lo que me hizo preguntar por este país a un misionero, eso y mi inquietud por conocer algo más de África. Dos preguntas mías que provocaron una tercera en el misionero javeriano ¿por qué no te vienes, necesitamos una persona más para poder realizar el viaje?
A partir de ese momento todo se desenvolvió con tal naturalidad que lo único que quedaba pendiente era saber a qué iba a allí, qué iba a aportar. La respuesta concreta no la encontré hasta que llegué.
Una cosa tenía clara, las palabras de Jesús en el evangelio de Mateo: <<Id, pues y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo>>. Yo era enviada, por medio de mi obispo, y estaba convencida de haber recibido el Espíritu Santo para ser testigo Suyo en los confines de la Tierra, o en el Chad, aunque fuera por un mes, pero ¿cómo?
Balbuceando cuatro palabras en francés (lo que da un curso intensivo de quince días) y con la confianza puesta en Dios, llegué a Bongor y a los pocos días otra pregunta asaltó mi mente: ¿quién enseña a quién? ¿Yo a ellos o ellos a mí? ¿Discípulos o compañeros del camino? Todos tenemos que aprender a ser discípulos del único Maestro. Esto es lo más bonito de la misión, el intercambio que se da entre personas tan distintas, un intercambio que nos permite crecer y enriquecernos, un compartir que nos acerca más a Dios y sin el cual no seríamos lo que somos. Una experiencia que nos permite a ambos, el misionero (que va), y el “misionado” (que está) conocer mejor a Dios, darle gracias por todo lo que nos da y enamorarnos cada día más de Él. ¿Se puede pedir algo más?
¿Qué he visto?
Me he encontrado con una Iglesia naciente, joven, con apenas 50 años de historia.
Con una comunidad de cristianos que se alimenta de la Palabra de Dios y crece alrededor de ella. Una Iglesia al estilo de las primeras comunidades cristianas, una iglesia fresca, un manantial de agua limpia del que he podido beber y purificarme.
He visto como gracias a esta Palabra han surgido comunidades vivas. Comunidades donde se apoyan mutuamente, no solo en lo espiritual, sino también en su humanidad, en sus enfermedades, en sus carencias (personales o económicas). Una parroquia que poco a poco está construyendo el Reino de Dios en Bongor, una ciudad donde los cristianos son una minoría y donde el acceso a los sacramentos no es tan fácil como nos resulta a nosotros en España.
¿Es un ideal? ¿Un sueño? Es la cara de África que el Señor me ha querido mostrar. No es la única, y no se da sin dificultades, pues el pecado está ahí y el hombre necesita ser siempre redimido.


¿Quién la hace posible?
Después de darle las gracias a Dios por ofrecerme esta oportunidad, tengo que agradecer enormemente a todos los misioneros que me han permitido vivirla.
 En primer lugar al que me acompañó; el cuidado y el seguimiento, así como las largas conversaciones “teológicas” me han ayudado a ponerme en situación y comprender mejor la realidad que estaba viviendo. No ha sido una experiencia solitaria, la misión debe ser una experiencia vivida en comunión y en relación con otros.
 En segundo lugar a los misioneros que me he encontrado por el camino, no solo por dejar que me introdujera en sus vidas y en su misión, sino por la labor que diariamente realizan. Es evidente que es una vocación, una vocación contemplativa en la acción, una llamada de Dios que exige un desprendimiento muy grande. De cosas materiales de primera necesidad (como ciertos alimentos o cuidados médicos), de apegos familiares e incluso espirituales (siendo tan ermitaños como un monje, a pesar de estar rodeados de gente), pero sobre todo exige un anonadamiento de uno mismo, de tu forma de pensar y de entender el mundo, de tu cultura, de tu idioma… para ponerte en la piel del otro sin llegar nunca a identificarte plenamente, y entonces ¿quién eres? Eres aquel a quien sólo Dios le basta y en quien Dios ha puesto su confianza y su gracia, como San Francisco Javier. Pero los misioneros no son héroes, sufren y padecen, y la misión también tiene sus riesgos: ser autosuficientes y solitarios… no es fácil, pero se puede, yo lo he visto. 

¿Cómo lo he vivido? Y ¿qué he hecho?
Con alegría, paz, con mucho entusiasmo… sin embargo en algunas ocasiones también me he sentido impotente… me invitaban a la coral, pero yo no sé cantar, no era capaz de aprender el ritmo del tam-tam o tambor, no podía enseñar en la escuela porque no sabía francés. Se me venían a la cabeza nombres de personas que allí podrían hacer más que yo… ¿qué he hecho entonces? Estar, observar, compartir y aprender. Sobre todo aprender.
He aprendido el verdadero significado de la palabra misión, que no es colaboración o ayuda al pobre o a otras iglesias, sino que es la TRANSMISIÓN DEL EVANGELIO allí donde Cristo aún no es conocido, en lugares donde la iglesia está en germen o ni siquiera existe, donde todavía no hay bautizo de niños pequeños porque no hay generaciones cristianas. He conocido la alegría de poder compartir mi fe con otros y de caminar con ellos hacia Cristo.
He descubierto la catolicidad de la Iglesia. Hasta ahora sabía que es universal y que el mensaje de Jesús es para todos, pero ¿cómo hacerlo posible a todos siendo todos tan diversos? He comprendido que la Iglesia es una madre con hijos muy distintos y es admirable cómo da respuesta a cada uno.
En la escala que hicimos camino de Bongor, antes de coger el segundo avión, una chica mallorquina me dijo: <<los occidentales tenemos reloj, los africanos el tiempo>>, y ha sido una frase que ha marcado todo mi viaje. Con ellos he aprendido a valorar el tiempo, a tener paciencia conmigo misma, a apreciar el tiempo invertido simplemente haciéndote presente, sin más; a la importancia de dedicar tiempo para crear relaciones, para hacer amistades, para poder comunicar sentimientos, para poder llegar a hablar de Jesús.
Cristo está vivo y sigue actuando, a pesar mío. La vida es más sencilla de lo que parece. Los chadianos me han  recordado lo esencial de mi fe, me han hecho olvidar los grandes discursos teológicos en los que a veces me encierro, y las normas y moralinas que yo sola me invento para cumplir con Dios. Dios es más sencillo que todo eso, lo esencial es el Corazón de Jesús, y está en el Evangelio. En el amor misericordioso que nos muestra, y que descubrimos a través de nuestros hermanos, en la Eucaristía y en su Palabra. Esta es la clave ¡alimentarnos de Él! Sólo de Él.
¿Ha cambiado mi vida?


Sí, porque la historia ya no es la misma sin este paso por el Chad. Lo que he vivido lo he vivido en primera persona, no como una espectadora. La misión no te puede dejar indiferente. Me ha abierto los ojos a otra realidad, a otro mundo completamente distinto del mío y que sin embargo me está ayudando a comprenderme a mí misma y a conocer mejor a los que me rodean, evitando juicios precipitados y erróneos.
Me ha ayudado también a disfrutar de la relación con mis padres, a pasar tiempo con ellos sin buscar excusas u ocupaciones, a simplemente estar.
Pero sobre todo me ha dado el gozo y la alegría de experimentar a Cristo resucitado, me ha hecho sentirme viva, sentirme plena, ser feliz aquí y ahora palpando lo que nos espera en el cielo. Un gozo y una alegría que no se borran, sino que permanecen. He saboreado en pequeñas dosis las consolaciones que Francisco Javier nos cuenta en sus cartas.
¿Repetiría?
 Sólo si Dios quiere, pues como ya he dicho la misión no es voluntarismo, ni buenas intenciones, sino un mandato y un deseo de Dios para encontrarme con Él. Es una página de mi vida que ya está escrita, las demás aún están en blanco.
Almudena López
Delegación de Misiones de Alcalá de Henares
Agosto 2014