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31/1/20

Guía Compartir la misión 2020

Las Obras Misionales Pontificias publican, un año más, la guía “Compartir la Misión”, dirigida especialmente a los jóvenes que quieran vivir una experiencia misionera.
Se trata de una publicación en la que 62 instituciones ofrecen a los jóvenes diversas propuestas misioneras y solidarias para vivir un verano diferente, realizar un voluntariado misionero de unas semanas o embarcarse en una aventura misionera de mayor duración. En esta nueva edición de “Compartir la misión” se ofrecen propuestas actualizadas sobre grupos, asociaciones y congregaciones que, volcadas en la misión, no dudan en hacer un hueco a quien quiera acompañarles durante un tiempo para compartir lo más valioso que tienen, su fe, una fe que, no podía ser de otra manera, se vive “compartiéndola”. También encontrarán testimonios de jóvenes que han vivido experiencias de misión durante los meses de verano.
La ficha de cada institución que ofrece la guía responde, de forma práctica, a siete preguntas: ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Quiénes son? ¿Cuáles son los objetivos de la experiencia? ¿Para quién está destinado? ¿Qué requisitos son necesarios? ¿Qué preparación ofrece la institución? Es decir, cualquier joven o no tan joven puede encontrar un lugar dónde encajar por tiempo, destino o preparación, de manera que pueda encauzar su “inquietud” humana o misionera en los parámetros de uno u otro grupo.
La guía Compartir la Misión no es el único medio que las Obras Misionales Pontificias ofrece a los jóvenes con inquietud por la misión. Se ofrecen desde unos Ejercicios Espirituales Misioneros para Jóvenes, hasta la revista Supergesto dedicada a ellos, pasando por un Encuentro Misionero de Jóvenes que se celebra todos los años. A esto hay que unir las diversos cauces de formación misionera en cada diócesis y, a nivel nacional, en la Cátedra de Misionología de la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid, que ofrece cursos más especializados y, cada año un Curso de Verano. Además, los jóvenes que han vivido experiencias misioneras las comparten en las redes sociales con el hashtag #VeranoMisión.

16/9/19

Encuentro de jóvenes: #VeranoMisión Mes Misionero Extraordinario Vicaría VIª Madrid.

Encuentro de jóvenes: #VeranoMisión Mes Misionero Extraordinario Vicaría VIª Madrid.
Objetivo: Celebración de un encuentro con jóvenes de la Vicaría VIª que hayan vivido un “verano misión”, con motivo del Mes Misionero Extraordinario y para hacer vivir el espíritu de la misión y renovarse.
Lugar: Parroquia de San Leopoldo
Dirección: Calle Sagrados Corazones, 28, 28011, Madrid
(Metro Alto de Extremadura - Autobuses 31, 33,36, 39, 500).

Fecha: 6 de octubre a las 16:00 horas con Eucaristía a las 19:00 horas.
¿Para quién y de qué se trata?
Para jóvenes que han participado en el  #VeranoMisión este año. 
Para compartir lo vivido en la misión.
Para crecer y enriquecernos mutuamente e en la fe.
Para animar a otros jóvenes a vivir un #VeranoMisión.
Para escuchar el testimonio del obispo de Makeni (Sierra Leona).
Y para celebrar juntos nuestra fe.
Programa:
16:00 Presentación de los diferentes jóvenes o grupos.
16:30 Compartir el #VeranoMisión, al final un coloquio abierto.
18:00 Testimonio del obispo  Natale Paganelli sx  en Sierra Leona.
18:45 Breve evaluación y posibles encuentros futuros.
19:00 Eucaristía presidida por Mons. Natale Paganelli sx.

Guion de las presentación de los #VeranoMisión
Con un powerpoint point de ocho minutos presenta tu #VeranoMisión:
1.- ¿Dónde y con quien se ha realizado?
2.- ¿En qué ha consistido?
3.- ¿Con qué ibas y con qué has regresado?
4.- Expresa con una palabra, imagen o frase hacia donde tira lo que has vivido.
Nota: Es necesario inscribirse para participar en la presentación. Enviar un mail a pj.saiz13@gmail.com con el asunto #VeranoMisión o al whatsapp 652010469 dirigido a Pedro.
Nota: Para organizarnos mejor, la última fecha de inscripción para las presentaciones es el viernes 4 de octubre de 2019.
Convoca la coordinación de jóvenes y de misiones de la Vicaría VIª de Madrid.
Para descargar cartel pinchar aquí

31/1/19

Guía compartir la misión 2019


La Guía Compartir la misión que ofrece propuestas de voluntariado misionero para los jóvenes
Obras Misionales Pontificias ha publicado la nueva edición de la guía “Compartir la misión, propuestas misioneras y solidarias para jóvenes”. Se trata de una guía completa para que cualquier joven pueda vivir una experiencia misionera que cambiará su vida. En esta guía se recogen más de medio centenar de “oportunidades” para salir de uno mismo y entregarse a los demás conviviendo con verdaderos “expertos” en el amor a los demás y la solidaridad: las misioneras y misioneros.
La guía recoge cómo vivir una experiencia de misión insertándose en grupos, instituciones e iniciativas que van desde delegaciones de misiones de diócesis hasta ONGs católicas, pasando por congregaciones religiosas y misioneras. En las fichas de contacto de cada una de estas “oportunidades” se recoge de manera pormenorizada las respuestas a siete preguntas – las mismas que se haría una chica o un chico que tuviera la inquietud de “salir”: ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Quiénes son? ¿Cuáles son los objetivos de la experiencia? ¿A quién va dirigida? ¿Qué requisitos son necesarios? ¿Qué preparación se ofrece?
La respuesta a estas preguntas hará que, ojeando las páginas de esta guía, cualquier joven pueda adaptarse a una institución o grupo concreto. Además, se recogen algunos testimonios de jóvenes que ya han vivido el “compartir la misión”, y cómo esta experiencia les ha cambiado sus vidas. Una vez decidido, un joven se puede poner en contacto con las mismas instituciones que ampliarán y aclararán todas sus dudas para sumarse a su propuesta misionera.
Las Obras Misionales Pontificias llevan publicando y actualizando esta guía para jóvenes desde el año 2011. La edición de 2019 aparece en los prolegómenos de la preparación del Mes Misionero Extraordinario que el Papa Francisco ha convocado para octubre de 2019. El Pontífice ha señalado a la Iglesia cuatro dimensiones para prepararlo y vivirlo; una de ellas es la caridad misionera, una caridad que siempre empieza por el compartir, en este caso la misión.

25/9/18

Vigilia de Oración por las Misiones 2018

Vigilia de Oración por las Misiones 2018
Vicaría VI Madrid suroeste
Día: 8 de octubre 2018 a las
Hora: 19:00 horas
Lugar: Clarisas Franciscanas
c/ Clarisas 2, 28019, entrada por General Ricardos, Madrid.

Con motivo del mes misionero, nos unimos a las  hermanas Clarisas Franciscanas para orar por las misiones, los misioneros, misioneras y en especial por los jóvenes durante el sínodo de la juventud.
El Papa Francisco en el mensaje para la jornada mundial de las misiones  2018 hablando de la misión ad gentes dice a los jóvenes y a través de ellos a todos que, “no se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct 8,6). Y esa expansión crea el encuentro, el testimonio, el anuncio; produce la participación en la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios. Ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia representan las extremas periferias, “los confines de la tierra”, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados, desde la Pascua de Jesús, con la certeza de tener siempre con ellos a su Señor (cf. Mt 28,20; Hch 1,8). En esto consiste lo que llamamos missio ad gentes. La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida. Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor.”
Programa
-          19:00-19:20 Vísperas animadas por la comunidad de las Clarisas Franciscanas.
-          19:25-20:30 Adoración animada por los jóvenes de la Parroquia del Santo Niño del Cebú. Durante la adoración habrá el testimonio de un joven que ha vivido el verano en misión: “Es posible enamorarse de una tierra sin apenas conocerla?”
“Oh mi bien amado, una sola misión no me sería suficiente, quisiera anunciar el evangelio a un tiempo en todas las regiones del mundo y hasta en las islas más lejanas. Yo quisiera ser misionera, no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y continuar siéndolo hasta la consumación de los siglos”. (Santa Teresa de Lisieux, Manuscrito B, 3r).
 Invitan:
Clarisas Franciscanas de General Ricardos y Equipo de misiones de la Vicaría VI Madrid suroeste.


19/9/18

Carta de jóvenes cristianos españoles que se hacen voz de los jóvenes inmigrantes que llegan a Europa.


A D. José Luis Pinilla Martín, sj, director del Secretariado de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE).
A D. Anastasio Gil García, director del Secretariado de la Comisión de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de la CEE y director nacional de las Obras Misionales Pontificias.
A D. Gonzalo Raúl Tinajero Ramírez, director del Departamento de Juventud de la CEE.
Asunto: Carta de jóvenes cristianos españoles que se hacen voz de los jóvenes inmigrantes que llegan a Europa.
El 12 de agosto de 2018, once jóvenes cristianos de diferentes diócesis de España (Albacete, Coria-Cáceres, Jaén, Madrid y Sigüenza-Guadalajara) y tres misioneros (una franciscana misionera de María coreana, un misionero javeriano mexicano y una laica misionera de la delegación de misiones de Teruel y Albarracín) comenzamos un campo de trabajo en el Centro San Antonio de Atención y Acogida de Inmigrantes de Ceuta[1]. Antes de esta experiencia, no éramos capaces de empatizar con el inmigrante, pese a que conocíamos la situación actual en nuestras fronteras y nuestros corazones deseaban entrar en su piel.
Allí vivimos una experiencia de misión en la que conocimos la dura realidad de la inmigración, habiendo vivido en primera persona, con mucha alegría, entre otras cosas, una entrada masiva de jóvenes inmigrantes en Ceuta al grito de “Boza, boza” (“libertad, libertad”), “España…, libertad; gracias, muchas gracias” (dirigiendo sus miradas al cielo); y al día siguiente, con mucha tristeza, impotencia y gran decepción, el saberlos, en menos de 24 horas, expulsados a territorio marroquí, rumbo a un calvario que seguirá destrozando sus sueños, atesorados durante la larga travesía de la inmigración, hacia una vida digna y más humana. Como consecuencia del encuentro con el joven migrante, se ha producido un cambio en nosotros que nos ha impulsado a escribir esta carta en favor de sus derechos y dignidad.
Nuestra tarea en Ceuta se basaba en ofrecer cariño al inmigrante y ser bálsamo en las muchas heridas físicas y espirituales, a través de nuestro estar con ellos, haciendo amistad, consolidándoles en su autoestima para forjar sus sueños como seres humanos e hijos de Dios; y, por la misma situación, abrir nuestros corazones a la humanidad entera, por quien Cristo se ha entregado al Padre, en un gesto de infinito amor.
Hemos estado leyendo las diferentes respuestas de parte de asociaciones y de personas, en referencia a la expulsión de los 116 inmigrantes que han entrado en Ceuta el 22 de agosto, memoria de María Reina, que ha coincidido con la fiesta musulmana del Sacrificio del Cordero. Hemos pensado en escribir, también nosotros, como Iglesia que somos, para compartir nuestra fe, sentimientos y agradecimiento por todos los que trabajan en favor de los inmigrantes y se preocupan de esta realidad tal como Cristo lo haría.
Fe y sentimientos
Esto nos afecta directamente, porque vemos en ellos a hermanos, a jóvenes como nosotros a los que se niegan derechos fundamentales. Entre ellos, el de libre circulación y el de poder estudiar y formarse. Hemos querido mostrar nuestro interés y fe para defender las libertades básicas de toda persona, porque vemos en ellos el rostro sufriente de Jesús en la cruz. En su camino de obstáculos y dificultades, Cristo les acompaña a través de su Iglesia, y esto no nos permite quedarnos indiferentes. Nuestras facilidades y nuestras ventajas por haber nacido en otro continente nos interpelan, en nombre de nuestra fe, a hacer algo en favor del desarrollo integral de sus personas.
Sería muy cómodo, como cristianos, dejar las cosas como están y abandonar esta tarea en manos de personas especializadas en esta materia o políticos y gobernantes de los países, pues creemos que los jóvenes, y en especial los jóvenes dentro de la Iglesia, tenemos una respuesta que dar. Es un momento crucial el que estamos viviendo, porque se están tomando decisiones muy importantes en todos los países y, si no actuamos, las consecuencias podrían llegar a ser más inhumanas y poco coherentes con nuestra fe.
Sentimos como propio este dolor que están atravesando los inmigrantes y deseamos poder llegar a meternos en su piel, porque esto es lo que haría Cristo.
Hacia el Sínodo de los Jóvenes, “Jóvenes, fe y discernimiento vocacional”
Gracias al encuentro personal que hemos tenido con los inmigrantes, nos hemos dado cuenta de que no existen diferencias entre ellos y nosotros como jóvenes. Tenemos los mismos intereses, deseos e inquietudes; queremos estudiar, trabajar y desarrollarnos como personas. No obstante, a ellos se les priva de estos derechos fundamentales que todos deberíamos poder ejercer. Y es por esta razón por la que ellos ven como única opción salir de sus países de origen para intentar encontrar un futuro digno en otro lugar.
Con motivo del Sínodo de los Jóvenes, hemos considerado importante que estos jóvenes inmigrantes también tengan voz y que sus anhelos sean escuchados por la Iglesia.
Además, esto afecta directamente a nuestra manera de vivir la fe. En estos hermanos nosotros encontramos a Cristo sufriente y necesitado, y por medio de ellos escuchamos la llamada a la entrega total de nuestra vida a los que más lo necesitan. De hecho, esta carta es fruto de esa llamada y de la acción del Espíritu Santo en nosotros, siendo, a su vez, el primer paso del cambio de nuestra mentalidad en favor de la situación de los inmigrantes.
Propuestas
Como Iglesia no podemos quedarnos indiferentes ante el sufrimiento ajeno; tenemos el deber moral y cristiano de ayudar a los necesitados y marginados de nuestra sociedad: “Porque era forastero y me acogisteis” (Mt 25,35; cf. Mt 25,31-46). Por tanto, esta responsabilidad conjunta que tenemos los miembros de la Iglesia de cara a cambiar esta situación debe concretarse.
Creemos que es cada vez más importante la concienciación de la sociedad ante este problema, especialmente en lo que se refiere a los jóvenes, debido a que gran parte de la información que nos llega está sesgada y únicamente se ve desde el punto de vista de Europa, generalmente en contra del inmigrante. Como Iglesia tenemos la misión de humanizar al inmigrante, dejarnos humanizar y ser defensores de sus derechos ante la sociedad occidental.
Creemos conveniente la realización de jornadas de trabajo conjunto entre asociaciones cristianas y no cristianas que se dedican a ayudar al inmigrante en los diferentes países del mundo. Esto permitiría aunar esfuerzos y dar una solución más eficaz, poniendo siempre en primer lugar al hermano necesitado. Además, puede ser una medida de concienciación de esta realidad: por una parte, al celebrarse estas reuniones en un ámbito internacional, habría una mayor visibilidad de los cambios que se están produciendo para mejorar el estado de cosas; por otra parte, mucha más gente se vería involucrada y cambiaría su forma de pensar respecto a la dignidad del inmigrante, lo cual podría llevar a una mejora real y definitiva de la situación.
Sabemos que ya se está haciendo en algunas diócesis, congregaciones religiosas y parroquias, pero se podría dar aún un mayor impulso a la acogida de inmigrantes de forma organizada y regulada por medio de las parroquias, en línea con lo que dice el papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2018: “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”[2]. Dentro de esta dinámica, se les podría facilitar alojamiento y manutención, ya sea dentro de las parroquias o en familias; actividades formativas que les ayuden a su integración en la sociedad (idiomas y costumbres); actividades lúdicas (música, juegos y deportes); y acompañamiento personal (que el inmigrante se sienta querido, valorado, escuchado…).
Conclusión
En fin, como jóvenes cristianos queremos expresar nuestra fe; hemos visto a Cristo a través del inmigrante, nos ha removido nuestro ser y queremos, dentro de nuestra fragilidad, ser voz de estos jóvenes inmigrantes que buscan una vida plena (“Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”, Jn 10,10) y en quienes Cristo se identifica (“En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”, Mt 25,40). Nosotros lo hemos meditado, lo hemos rezado y, escuchando lo que dice el Papa en Evangelii gaudium, queremos ser callejeros de la fe[3], sabiendo que somos una misión de Dios en este mundo.
Grupo del Campo de Trabajo de Inmigrantes en Ceuta, agosto 2018
Ana Hurtado Montoya, parroquia San Pedro, Guadalajara
Antonio Guerrero Quesada, Seminario Diocesano de Jaén
Cristina González Romero, Albacete
Francesca Ko Hyung Hee, fmm, franciscana misionera de María, Madrid
Inés Sánchez-Muliterno Bleda, Albacete
Laura Chiloeches Martínez, parroquia Santísimo Sacramento, Guadalajara
María Elbal Rodríguez, parroquia San José, Albacete
María José Soriano Casino, laica misionera de la Delegación de Misiones de Teruel y Albaracín
Manuel Medina Parra, Milicia de Santa María, Cáceres
Javier Cascón Coca, parroquia San Hilario de Poitiers-Milicia de Santa María, Madrid
Javier Contreras Mora, parroquia Nuestra Señora de Europa, Madrid
Jorge Mora Pinilla, parroquia Nuestra Señora del Valle, Madrid
Paloma Martínez Carbajal, Albacete
Rolando Ruiz Durán, sx, misionero javeriano, Madrid

Madrid 28 de agosto de 2018, fiesta de san Agustín de Hipona



[3] “Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. Algunos participan en la vida de la Iglesia, integran grupos de servicio y diversas iniciativas misioneras en sus propias diócesis o en otros lugares. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean «callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!” (EG 106).


Ecos de esta carta en la prensa:

OMPRESS pinchar aquí

Europapress pinchar aquí

Vídeo campo de trabajo:

Centro San Antonio de Inmigrantes Ceuta 2018

9/9/18

Bailando con los Bereberes. Experiencia Misionera Midelt – Tattiouine


¿Es posible enamorarse de una tierra sin apenas conocerla? Se me venía a la cabeza mientras estaba en un autobús rumbo Midelt desde Tetuán. Una cabeza llena de preguntas, pero con una que sobresalía por encima de todas las demás: Padre, ¿Por qué me has llamado a venir aquí?
Ya pronto en el viaje me daba cuenta de que la cultura que me rodeaba era distinta. Había cosas que no cabían en mi cabeza, como que el autobús se retrasase una hora y media o como en el interior del mismo la gente compartía su comida con los demás pasajeros. Dos palabras:  paciencia y solidaridad.
Soy Jorge, tengo 21 años y soy cristiano. Como consecuencia de esto último, me decidí a realizar esta experiencia de misión, con el objetivo de acercarme a Dios, ponerle en el centro de mi vida y aprender a escuchar lo que Él esté dispuesto a susurrarme o a gritarme. Pues muchas veces, él nos habla, pero el ruido nos ensordece; o nos hace señales, pero las distracciones nos ciegan.
De esta forma salí de Ceuta un 26 de julio rumbo a Midelt- Tattiouine, con varias ideas en la cabeza, ir al encuentro de nuestro hermano musulmán y ser capaz de escuchar a Dios en tierras de Alá.
Una vez que llegué a Midelt y a Tattiouine, me di cuenta que ambas cosas iban unidas, al conversar con las gentes, al observar el respeto que tenían a los cristianos,  a nuestra mera presencia… yo estaba alucinando, en shock, ¿Cómo era posible que esta gente nos tratase como grandes invitados, sacándonos sus bienes mas preciados de la despensa, ofreciéndonos los mejores lugares que disponían para dormir? A día de hoy me cuesta entenderlo. Sin embargo, cuando estas entre ellos, hay algo que te hace encajar todas las piezas en tu corazón, que te da una alegría y una tranquilidad infinita: DIOS.
Todos los días por la mañana, en Tattiouine, me sentía acompañado por Él: al rezar con las hermanas, al recibir un salam de Hazna o Sheriff, un ça va de Yussuf… Porque aunque fuésemos extranjeros, ellos nos acogieron como a iguales, como a sus hermanos, y nos dieron toda su confianza. Y ahí en esas gentes vi a un Padre que te brinda la mano para entender  y querer al otro; un Padre que tiende puentes, en vez de levantar murallas; un Padre que te da vida y alegría para continuar. Momentos en los que me preguntaba, todo esto que estoy viviendo, nunca antes lo había experimentado, este amor de Dios, esta presencia. Y surgían más preguntas: ¿Qué hemos hecho en Europa para perder parte de esta humanidad?
Me cuesta expresar todo lo que viví, toda la alegría y frustración que durante esos días experimenté. Como al principio estaba preocupado por no controlar el idioma y como al final me comunicaba hasta con humo si hacia falta. Las dudas que podría sentir en Madrid, se esfumaron allí, y cada momento pasado en el Atlas fue un instante que guardar. Los pocos días que pasé “arriba”, en Tattiouine, se me pasaron como meses, como un sueño que parece que es otro el que lo está viviendo. Los días eran eternos, larguísimos, pero con tantas vivencias, con tantos detalles bonitos que asimilar, que era bellísimo, era espectacular. La mente no sabía donde estaba, ni con quien hablaba, borró barreras y surgió solo una palabra: VIVE. Vive sin que te importe cual sea la religión de él de al lado, sino solo importándote si él está bien. Vive sin que te importe si has dormido poco, estas cansado, tienes hambre o hace un calor de mil demonios… VIVE. Vive como Jesús vivió hace dos mil años, con alegría, sabiendo que El Reino de los Cielos ha llegado…Vive con el que tienes al lado, quiérele, compréndele y ayúdale.
Cuando me planteé esta experiencia, surgió la pregunta, ¿Entonces qué voy a hacer yo allí? Sino controlo el idioma, la cultura, con los niños no puedo comunicarme. La respuesta que recibía era: vas a estar, acompañar y ayudar en todo lo que haga falta. Ahora comprendo porque esta respuesta no me tranquilizaba,  ni a mí, ni a mi familia ni amigos ni a nadie. Porque es una pregunta que no se responde hasta que estas allí. Hasta que el primer día Sheriff y Hazna te invitan a su casa a tomar un té y cenar, sin conocerte de nada. Hasta que no conoces a todos los niños: Mohammed, Mustafa, Said, Anás, Fátima, Myriam…Y te das cuenta de que son niños como los que hay en España, que solo quieren jugar y pasar un buen rato. En esos momentos en los que solo puedes ayudar llevando comida, dando de beber, sonriendo o mandando callar en un idioma desconocido como es el dariya. Hasta que un niño no viene sonriéndote y dice tu nombre y mil palabras más incomprensibles, o hasta que no metes en tus expresiones diarias el bismillah, inshallah, hamdulillah. Es en estos momentos cuando empiezas a comprender la respuesta, y sonríes, te ríes; entendiendo un poco por el proceso que pasan los misioneros, como Rolando, las misioneras franciscanas de María, Marie (que forma parte de la comunidad de Tattiouine) y Marie Christine. Estas últimas, que simplemente con su presencia me dieron respuestas a preguntas que no sabía ni que tenía, me enseñaron a Dios al ver  su casa, sus costumbres, su sencillez, su manera de ver el evangelio…
Claro que todo esto comentado anteriormente, romper las barreras materiales, quebrar esquemas y ensanchar nuestro corazón, nos introdujo en la siguiente semana. Después de haber conocido a un Dios entre las gentes, de haber observado el “epicentro de la humanidad”, tocaba preguntarse y escuchar a Dios. Era el momento de abrir el corazón al Padre y como en su día, hizo Francisco, preguntarnos “Señor, ¿Qué quieres que haga?”. Y el espacio para hacer esto, no podría ser mejor; estábamos en tierra de Islam, en un monasterio Cisterciense, con el último superviviente de Thibirine. Todo era idóneo, los ejercicios ignacianos se adecuaban perfectamente a la situación.
Tras vivir esta experiencia, solo tengo agradecimientos a todas aquellas personas que me empujaron a decir que sí, que me apoyaron. A Rolando que me propuso esta gran locura, A los  que me acompañaron estos días, tanto cristianos como musulmanes. Y a Dios por permitirme vivirla y aprovecharla.
 “No seáis jóvenes  de sillón, adormecidos, atontados!  Muchos os quieren así, pero debéis luchar por vuestra libertad, por dejar vuestra huella” JMJ 2016.
Jorge Mora Pinilla
Parroquia Nuestra Señora del Valle, Madrid


27/8/18

En Ceuta, una valla, la del corazón... Campo de Inmigrantes


El corazón late con fuerza, es el momento, llevo años esperando este instante. Estoy agachado tras un peñasco listo para salir corriendo, mis hermanos están a mi lado y mi familia  a miles de kilómetros. La puerta del paraíso está ante mis ojos, se presenta bajo la forma de una valla de 6 metros de altura y unos pocos guardias. Suficiente.
Suficiente como para no impedirme cumplir mi sueño.
-Allez!
¡Es la señal! Salgo, corro, no miro atrás. Los 200 metros se hacen eternos, me falta el aire. Al llegar a la valla aferro mis manos a ella, esas manos cubiertas con jirones de mi camiseta y escalo, escalo hacia el cielo mientras pasan rozándome pelotas de tenis y porrazos…

Parece mentira que esta narración que parece una novela ocurra en realidad y en ella se vean representados cientos de jóvenes que llegan a nuestras fronteras. Cuando a esos personajes anónimos de novela se les pone cara, se comparte tiempo e ilusiones con ellos, algo cambia.

Yo también conseguí un día saltar esa valla, esa valla que me impedía ver el dolor de las personas que me rodeaban. También salí del bosque, de ese bosque en el que durante años había vivido, el de la ignorancia.
Me presento: soy Javier Cascón, tengo 20 años, nací en Navarra y llevo toda mi vida oyendo noticias sobre inmigrantes; puede que igual que tú. En estas dos semanas que he pasado en el centro de acogida de San Antonio de Ceuta trabajando con los inmigrantes subsaharianos me he dado cuenta de que es duro.
Es duro descubrir que nuestra Europa de brazos abiertos da dinero a Marruecos para llevarse a los inmigrantes de nuestras fronteras. También es duro ver a jóvenes y niños con sueños de estudiar, trabajar y vivir en países que les rechaza. Historias increíbles, cientos de kilómetros, cicatrices profundas y a pesar de todo, esperanza.
Ellos, como nosotros, esperan un futuro mejor y reencontrarse con sus familias. Pero a veces somos egoístas aquí en Europa, no sea que ellos puedan tener las mismas oportunidades que nosotros y quitarnos los privilegios del norte.
Después de todo esto solo me queda echar la culpa a las vallas, pero no a esas de 6 metros sino a las más altas de todas, las de nuestros corazones. El miedo a lo desconocido, el no querer entender y el esfuerzo que supone cambiar las cosas hace que la situación sea compleja. Los españoles echamos demasiadas culpas y arreglamos pocas injusticias.

Esta experiencia en el campo de trabajo cambia vidas y quiero dar las gracias por ello. Gracias por romper mi burbuja de egoísmo y mis esquemas porque así podré empezar a construir algo nuevo y mejor.
Javier Cascón Coca
Milicia de Santa María
Madrid


Nota: dos fotos son tomadas de El Faro de Ceuta, tienen la gota de agua.


9/8/18

Mi pequeña África


Campo de trabajo con inmigrantes
Ceuta, julio de 2018
MI PEQUEÑA ÁFRICA
Desde pequeña soñé con ir de misión a África, sueño que veía lejano y hasta casi imposible; pero “que insondables son tus caminos Señor”. Sólo bastó decirle sí a su proyecto de amor para así emprender esta aventura misionera, la cual me llevó a Ceuta: “mi pequeña África”.
Descubrir el rostro de Dios en ellos, palpar sus manos, reír juntos, escuchar sus historias, compartir la vida, ser testigo de sus sueños, de sus proyectos, de sus sufrimientos o preocupaciones, de su esperanza, fue y es una experiencia que me ha llevado a ensanchar mi corazón.
Mis “hermanos migrantes” escuché llamarlos al comenzar esta experiencia por varios de los chicos con los que compartí estos días e hice propio, porque así lo sentí, así lo experimenté. Tener en el corazón rostros y nombres concretos me llena de felicidad y gratitud. Ellos me han enseñado a mirar más allá, a ver que no hay fronteras o vallas que destruyan los sueños y la esperanza, me han mostrado a ese Dios cercano, humano, sencillo y lleno de ternura, que camina a nuestro lado y que al mismo tiempo nos interpela, nos cuestiona, nos invita a acoger, proteger, promover e integrar.
Haber palpado tanta injusticia, indiferencia y tanto egoísmo me genera impotencia y cierta tristeza, pero al mismo tiempo ver a tantas personas que con tanto amor y dedicación, desde el silencio, la sencillez, trabajan y luchan por ellos, los migrantes, me llena de esperanza.
Descubrir a este Dios comunión que nos hermana también ha sido muy enriquecedor; el conocer y compartir con el islamismo, hinduismo, judaísmo y contemplar su trabajo en conjunto con el catolicismo me demuestra que cuán importante es valorar y poner por encima aquello que nos une. El conocer, respetar y amar al otro por lo que es, persona digna, nos llevará a un mundo más humano.
Agradezco a Dios por haber hecho posible que mi sueño, como también el sueño de ellos se vaya haciendo realidad, le doy gracias por esas personas que apasionadas por Cristo, por la misión y por el deseo de hacer del mundo una sola familia, han hecho posible esta experiencia. Agradezco también a cada uno de los chicos con los que hemos compartido estos días, de los cuales he aprendido muchísimo, sus testimonios, sus caminos de fe, sus alegrías, como también el comprometerse e involucrarse. Todo lo vivido en este campo de trabajo me ha ayudado a crecer y a renovar mi sí, a renovar mi compromiso de seguirle a Él, lo más cerca que pueda una humana criatura, por lo cual estoy muy agradecida.
Rocío Belén Pedroso
Misionera Cruzada de la Iglesia, Madrid

12/7/18

Galatoomaa - Revista Súper Gesto (entrevista)


ENTREVISTA REVISTA SUPERGESTO
Escaparate – Nº 135 páginas 10-13
CARMEN BALGUERIAS,
 VICTORIA MORA
 Y GABRIEL SORIA
 CREADORES DE GALATOOMA
Carmen Balguerias, Victoria Mora y Gabriel Soria son tres jóvenes estudiantes que, después de vivir un verano misión en Adoola (Etiopía), no se han quedado conformes. Jóvenes creyentes, Etiopía les marcó, y mucho. Por eso, quisieron que lo vivido estuviera presente en sus vidas los doce meses del año. Incluso irán más lejos. Deseaban que otros jóvenes, sin recursos, pudieran vivir le mismo verano misión que ellos. Así idearon GALATOOMA… Un proyecto que, a través de la venta de camisetas, beca a otros voluntarios y colabora con proyectos concretos en Etiopía. Esta es su particular forma de dar las gracias por lo vivido…
Gabriel, Carmen y Vicky ¿podréis algo de vosotros?
GABRIEL: Yo soy Gabriel Soria tengo 23 años y estoy acabando Ingeniería Informática en Madrid. También estoy trabajando de prácticas y llevando GALATOOMAA con Car y Vicky. Me considero una persona con inquietudes y curiosidad, entregado a lo que me gusta y busco siempre crecer con todo lo que hago, ya sea profesional o humanamente. La vena emprendedora me viene de familia. A veces hasta me paso soñando despierto... Una de las cosas que más me ha aportado en la vida son los viajes. En 2016, estuve en la JMJ de Cracovia como voluntario. De Misiones he estado en Totogalpa (Nicaragua) en agosto de 2014, y en Adoola (Etiopía), en agosto 2016 y 2017, fui con mi parroquia (Santo Tomás Moro, Majadahonda). Esto para mí ha sido un antes y un después. Cuando te vas de misión o voluntariado, te acercas a una realidad que jamás hubieras pensado. Sabemos lo que hay en países en vías de desarrollo por lo que aparece en la TV o por lo que te cuentan, pero vivirlo de primera mano es una historia diferente. Allí ves que, con una pobreza extrema son felices. No es la imagen que te ofrecen las campañas de publicidad de las ONG. Ellos de dan todo lo que tienen. Son gente fuerte que sigue adelante y que nunca te va a negar una sonrisa. Son fuente de inspiración, te hacen replantearte la vida, tus objetivos, tu camino… Lo difícil de ir, es curioso, es volver a tu realidad, superficial, con problemas que no lo son, excesos...
CARMEN: Yo tengo 21 años y estudio tercero de Biología Sanitaria en Madrid. Me considero una persona muy activa y busco a entregarme al máximo día a día. Mi rutina es un poco caótica; llegaría a decir que no conozco una rutina. Estoy repleta de actividades que me llenan. Principalmente, soy monitora de Life Teen (método de catequesis para jóvenes), pertenezco a un grupo de fe en mi parroquia, tengo cena los lunes en un albergue de pobres y dirijo GALATOOMAA con mis dos compañeros. Todas estas actividades serían solamente ruido sino fuera porque tienen un único origen que es vivir a través de mi fe. Mi activismo a la vez es equilibrado con ratos oración, que me ordenan y me hacen ver los regalos de cada día. Por ello la razón por la que tengo una necesidad de entrega es por el regalo de mi fe. Y es la que me ha llevado a la Misión de Adoola, en donde todo cambió para mí.
VICKY: Yo tengo 21 años y soy estudiante de último curso de Ciencias del Deporte en el INEF de Madrid. Desde hace un año llevo Galatoomaa con Gabi y Carmen. Vivo en Majadahonda, lugar que me ha visto crecer. Soy una persona muy activa y me gusta participar en casi todas las cosas que me proponen. Gracias a esto he tenido la oportunidad de viajar a muchos lugares, conocer a gente muy variada y realizar cosas que, por propia iniciativa, nunca habría pensado.  Por lo general, mi tiempo libre lo invierto en estar con mis amigos, en las diversas actividades que se realizan en mi parroquia y en voluntariados.
¿Dónde os conocisteis los tres?
VICKY: Primero conocí a Gabi en una de esas actividades que realiza la parroquia en 2015 y meses más tarde, de igual manera, conocí a Carmen en el grupo de Fe al cual vamos juntas. Desde ese momento hemos permanecido juntos y siendo buenos amigos. Al tener varias cosas en común siempre coincidimos.
Habladnos de esa experiencia que habéis vivido juntos en Adoola (Etiopía) y que os ha marcado…
GABRIEL: El mes en Adoola, que la verdad es como un año concentrado en un mes. El ritmo de vida es tan frenético, cansado e intenso, emocional y físicamente, que cada día es una experiencia totalmente distinta.  Sale lo más bueno de ti y a la vez lo que no lo es tanto. El cansancio, la convivencia, cada uno con su propia experiencia y su manera de llevarlo. El hambre que se pasa (a veces), lo que ves un día que puede qu no sea muy reconfortante, o una plena satisfacción que puedes tener al día siguiente un niño te está esperando, te ve, y sale corriendo hacia ti. Como si fueras la persona que más quiere en el mundo.  Algo así te une mucho más de lo que puedas esperar. Es cierto que hay que4 estar abierto y dispuesto. Como anécdota diré que Carmen y yo tuvimos más de un rifi rafe en Adoola, y, sin embargo a la vuelta ves que son esas cosas las que te hacen madurar en una amistad, y en tu vida en general, cuando eres tú al 100% sin ninguna mascara.
CARMEN: Sin duda la misión de Adoola, sin duda, te marca. Yo tenía miedo de no sentir una transformación pensando que ya  tenía formado mi carácter. Pero la misión te cambia por dentro. A mí, a través de las personas. Llegué a un sitio para entregarme a personas que ya tenían el corazón abierto sin saberlo. Con toda su naturalidad y sencillez, convivieron con nosotros y fueron un reflejo. Un reflejo del amor un tanto limitado que nosotros podíamos dar, pero, sobre todo, del amor revolucionario que Dios estaba dando por ellos. Yo sentí esa mirada de Dios hacia el necesitado. Sentí que Dios les quería sin límites. Y lo sentí simplemente a través de uno de los abrazos que me daban, una oración con los niños huérfanos o un baile Etíope. Me transformaron a mí, por el vivo reflejo de Jesús que pude ver en ellos. Y ante ese impacto, uno quiere vivir buscando esa misma esencia. Desde entonces, he perseguido en mi entrega ver el rostro de Dios como lo vi en Etiopía. Buscar un amor revolucionario que pueda no solo abrir mi corazón sino el del resto de la gente.
VICKY: Un viaje así no puede pasar desapercibido, nos unió mucho y permitió que nos conociéramos en todo tipo de situaciones. A partir de este viaje y gracias a Galatoomaa, los tres seguimos compartiendo juntos un montón de momentos y aventuras.
¿Qué significa la palabra Galatoomaa?
GABRIEL: Galatooma significa gracias en Oromo, el idioma de la zona de Adoola. Una palabra que, cuando estuvimos allí, decíamos constantemente: Intenta transmitir nuestra visión de ser agradecidos con lo que tenemos. Hay gente que no tiene tanto y lo mínimo es darse cuenta de ello. El logo es la mitad de una cruz etíope, un ornamento que utiliza todo el mundo allí y está inmerso en la cultura.
¿Qué perseguís con Galatoomaa?
GABRIEL: Galatooma es una marca de ropa social 100% sin ánimo de lucro que beca, por un lado a voluntarios jóvenes que se vayan con distintas ONGs o asociaciones; y, por otra parte, colabora con proyectos concretos en distintas zonas de Etiopia. Todos los beneficios son para esta causa. Carmen, Vicky y yo somos los tres primeros que fuimos en Adoola, donde entregamos mucho de nosotros y colaboramos con proyectos de allí, pero queremos extenderlo a más gente. Galatoomaa quiere invertir en un cambio real. La juventud española está demostrando mucho. Somos inconformistas, y podemos realmente marcar la diferencia. Nuestro objetivo es dar la posibilidad a  que más gente vaya, cambie, y transforme su entorno. Es una pirámide para crear una transformación social. Ser la generación que marque un cambio real, que varié la situación de los países en vías de desarrollo.
CARMEN: Para mí es esa llave que puede abrir los corazones. Nosotros  se la damos a los voluntarios y les lanzamos hacia el cambio.  Además, no sólo les lanzamos a Etiopía. Vendiendo nuestra ropa las personas se sienten parte de algo, de un cambio que les impulsa también a ellos. Ojalá nuestras prendas llegaran a tener esa magia.
VICKY: Galatoomaa es, además, una oportunidad única de dar a conocer diferentes pueblos y áreas de Etiopía, que, si no fuera por esas personas que viajan allí sería casi imposible conocer.
¿Cómo nació la idea?
CARMEN: Del corazón de cada uno de nosotros y, por eso, cada uno tiene un significado propio de lo que es Galatoomaa. Al ver que crecíamos tuvimos que aclarar qué era exactamente. Ya no valía solo con sentirlo sino que queríamos materializarlo. Por ello, para llegar a esta empresa social ha habido  horas y horas de diálogo, de propuestas, iniciativas… Yo estoy admirada de la facilidad con la que estamos llegando a las decisiones y estableciendo perspectiva en el proyecto. Y no, no siempre estamos de acuerdo, pero tenemos tan clara la meta que, sin ningún problema cedemos ante una propuesta diferente, y muchas veces mejor a la nuestra.
GABRIEL: Hay dos cosas sin las que no se puede entender Galatoomaa. Una inquietud por vivir una experiencia de misión o voluntariado, entregarse y cambiar las cosas, y la otra es ser joven, estudiante y no tener dinero. Frustrante, ¿verdad? Yo estaba de Erasmus, con mil gastos de alojamiento, comida, etc… Pero había una cosa que tenía clara. Tenía que volver a Adoola otra vez. Como fuera. Hablé con Carme, porque ella se estaba planteando ir por primera vez a la misión, pero estaba como yo, sin un duro. Fue en Navidades de 2016 para 2017 cuando en mi viaje de vuelta a Madrid para pasar unos días hable con Carmen: “¿Por qué no vendemos sudaderas para financiarnos la misión?”  La respuesta de Carmen fue esta: “¡Buah, Gabi! Qué típico, no vamos a vender ni una.” Yo le dije: “Si hacemos algo, no vamos a ser típicos. Vamos a por todas” Total, que empezamos este nuevo proyecto a lo grande, contactamos con proveedores de ropa, diseñamos las prendas, creamos las web, nos movimos por redes sociales… ¡Encantaba!
VICKY: Cierto, Galatoomaa comenzó cuando Gabi y Carmen se plantearon de qué manera ir a Etiopía. Propusieron un plan a todos los misioneros de ese año y como yo también quería volver y quería seguir siendo misionera los restantes 11 meses del año, me uní al proyecto. Me pareció una gran idea vender un producto con el fin de crear una familia que conecte Madrid o España con Etiopía.
¿Cómo se sustenta Galatoomaa?
GABRIEL: Por su razón de ser. Galatoomaa tuvo una inversión inicial y de ahí destinamos un porcentaje a reinversión para seguir creciendo y el otro a la causa social, al final el 100% de los beneficios son sociales, pero no de una sola vez ya que es contraproducente. Si no tenemos dinero para crecer, tener más pedidos etc. poco hacemos. Por ejemplo este año quizá podamos becar solo a una persona, pero el año que viene sean 15. Sin embargo si becamos este a año a cinco, el año que viene serán solo otros cinco. Y así. Hay que tener en cuenta que llevamos pocos meses y que nos vamos definiendo conforme pasa el tiempo.
¿Qué diríais a la gente que pueda dudar de la integridad de vuestro proyecto?
VICKY: Es fácil dudar de iniciativas de este tipo, todos lo hemos hecho. Lo bueno de Galatoomaa es que está formado por personas que han vivido la realidad de esa zona y no tenemos ningún interés en ganar beneficio propio. Nos  encantaría poder dar incluso más de lo que tenemos. Entregamos nuestro tiempo y somos nosotros los jóvenes, quienes con las colaboraciones vamos allí a intentar hacer algo bueno. No hay intermediarios ni ningún interés más que el de colaborar con la mejoría de nuestra segunda casa.
GABRIEL: Mucha gente está harta de que les timen o casi chantajeen con colaboraciones para los desfavorecidos. Por eso nosotros hemos decidido dar el 100%. Es una garantía de que vamos en serio.
¿Qué ha sucedido en vosotros para idear una iniciativa tan bonita?
GABRIEL: Yo creo que los que formamos Galatoomaa siempre hemos estado buscando una manera de intentar cambiar el mundo, quizá esta fuera nuestra respuesta.
VICKY: Una experiencia misionera así no te deja indiferente. Es cierto vives una transformación y las personas pasan a ser miembros de tu gran familia. Eso hace que, aunque vuelvas a España no las olvides, y tu cabeza siempre busque la manera de hacer todo lo posible para que su situación mejore. Y en nuestro caso pensamos en una forma de poder cambiar Madrid y Etiopía a la vez. Si muchas personas pueden vivir esa transformación por pequeña que sea, porque sí con solo ir y ver otra realidad tu mente se abre y sufre un pequeño cambio, podremos mejorar ambas zonas.
CARMEN: Regresar de Adoola fue un reto. Después de un mes tan intenso y renovador siempre surge el miedo de volver y no sentirse así de lleno. Mi duda constante era no poder darme cómo me había dado allí. ¿Cómo poder recrear esa sensación aquí en mí día a día? Pero todo fue sobre ruedas. De repente, a todas horas encontraba situaciones por las que dar las gracias. Eso sí, también había que buscarlas. Pero eso no era suficiente. No podía volver sin más a mi rutina anterior, porque todo había cambiado. Para aumentar mi entrega tenía que buscar un medio mucho más revolucionario. Y entonces decidimos embarcarnos en Galatoomaa. Decidimos hacer de Galatoomaa un cambio más, una entrega en donde nosotros podíamos darnos completamente en esta sociedad.
Rolando Ruiz,

Tomado de la Revista Súper Gesto, Nº 135 – Mayo – Agosto 2018,  Escaparate páginas 10 a 13.